A lo largo de la Historia (ya nos ponemos estupendos) ha habido toda clase de predicciones equivocadas, algunas nunca comprobadas del todo. Por ejemplo, aquella de Bill Gates en la que el creador de Microsoft aseguraba que los ordenadores nunca necesitarían más de 640K de memoria RAM, algo equivalente a afirmar que los coches nunca necesitarían superar los 15 km/h. Bueno, Gates pronunció (supuestamente) estas palabras hace muchos años, y como es el mayor filántropo del planeta, tampoco vamos a tirarle mucho de las orejas. ¿Ok?

Hay dos gurús (o gurúes, ambas formas son válidas, elijan la que más odien) patrios que me preocupan mucho más y que son los que realmente han provocado este texto. En estas semanas dos de sus afirmaciones quedarán en evidencia. El economista Niño Becerra era un tipo medianamente desconocido antes de la crisis. Tenía estudios y trabajos respetables y algunas publicaciones que no vamos a discutir. De la noche a la mañana se convirtió en un gurú. Se le atribuyó el poder mágico de predecir la crisis y ser uno de los pocos que lo hicieron, algo falso a todas luces. Sí es cierto que lo vio venir todo desde 2004 (nada menos), cuando basaba partes de sus estudios en la astrología (alucinante).

Es cierto que si ciertos políticos de la izquierda, que gobernaban hace cuatro o cinco años, le hubieran escuchado, tal vez ahora estaríamos en otra situación económica diferente. Desde entonces ha vivido de aquella supuesta única predicción de la crisis, que realmente muchos otros economistas ya hicieron, pero que no supieron rentabilizar de igual manera. El 26 de noviembre de 2011 Niño Becerra dijo que no daba más de un año de vida al nuevo Gobierno de Rajoy. Parece que dicha predicción no se cumplirá exactamente. Ese día de 2011, el economista dejó perlas como que habría elecciones antes de que se cumpliera ese plazo, que la crisis durará 10 años o que “tal como hemos vivido, no volveremos a vivir nunca más”. El tiempo pondrá en su lugar a todas esas (y muchas otras) predicciones de este oráculo despistado. Pero en el pasado tampoco acertó cuando aseguró que muchos trabajadores habrían perdido su trabajo al volver de las vacaciones de 2010, que habría un corralito entre 2010 y 2011, que el PIB se hundiría en torno al 20% en 2011 o que habría deflación ese mismo año. No pasa nada, predijo la crisis de casualidad, así que acertó una vez.

Niño Becerra me parece un economista interesante, que con sus afirmaciones lleva fácilmente a la reflexión del lector. Pero su capacidad de acertar es similar a su capacidad de meter la pata. Por eso no creo que sus palabras merezcan ser tenidas en cuenta con la relevancia que muchos medios les han otorgado. Valoro su originalidad, pero no su precisión.

Otro caso que va más allá es el de Daniel Estulin. Es un escritor e investigador lituano famoso por sus publicaciones sobre el elitista Club Bildelberg. Su habilidad para engatusar con sus argumentos y para decir medias verdades, obviedades o predicciones poco concretas le han llevado a resultar muy atractivo para determinados medios de comunicación. A menudo ha participado en tertulias supuestamente serias o programas informativos, directamente. Los pocos que han contado con su presencia, lo han hecho realmente por la espectacularidad de sus afirmaciones y no por la veracidad de las mismas. Así, haciendo memoria, recuerdo que hace años afirmó que en Bilderberg se había decidido que el sucesor de Zapatero fuera el también socialista Bernardino León o que en el atentado de ETA en la T4 de Barajas explotó realmente una bomba nuclear (¿?).

Su última predicción sonora sucedió en el telediario de Intereconomía en el verano de 2012. Allí Estulin aseguró que tendrían que desaparecer grandes bancos españoles. Bankia ya había sido rescatada a esas alturas, por cierto. Cuando el entrevistador le pidió más concreción, el escritor no dudó en afirmar que el Banco Santander tenía “una deuda impagable de unos 800.000 millones de euros”. Estulin aseguró que el banco está haciendo todo lo posible para que no se sepa esta noticia. El presentador estaba escuchando una de las noticias más poderosas del año pero apenas parpadeó para dar paso a otra pregunta que nada tenía que ver. Con ello estaba reconociendo, veladamente, que las palabras de Estulin resultaban pura charlatanería (el vídeo, lamentablemente, ha desaparecido de YouTube). Han pasado casi dos años desde las declaraciones del ex espía y nada más se ha sabido de aquella monstruosa deuda impagable. Nada se ha filtrado, nada se ha rumoreado. Ha quedado todo en una única afirmación aislada de Estulin que los mercados han ignorado de forma grosera.

Tal vez algunos dirán que estoy cometiendo una injusticia con este escrito. Es una mera reflexión y entiendo que ni Niño Becerra ni mucho menos Bill Gates merecen aparecer junto a Estulin. Simplemente, para mí es difícil entender que los medios de comunicación eleven sin medida a aquellos que aciertan en alguna de sus predicciones, obviando todas sus meteduras de pata y mentiras posteriores. Los medios necesitan gurús y grandes titulares. Que estos titulares sean ciertos o no, importa menos.

A distintos niveles, Niño Becerra y Daniel Estulin seguirán siendo escuchados como dos voces autorizadas a pesar de sus repetidas meteduras de pata. Los medios seguirán recurriendo a ellos para ofrecer frívolamente algo llamativo y morboso a sus lectores y espectadores. Estos medios saben de sobra que nada hay más interesante que un buen titular apocalíptico que, por suerte, casi nunca es cierto. Y también saben que todas esas mentiras, al final, se las lleva el viento…