El diario El Mundo nos contaba en su edición de ayer que Pablo Iglesias mantuvo en el pasado reciente contactos con el entorno de ETA. Algo así como que quedaban para merendar alguna vez y se mandaban mensajes por Whatsapp con el iconito de la mierda junto a la bandera española. Por supuesto, al conocer la exclusiva del periódico madrileño, no tardaron en aparecer los que insisten en la idea de que cada vez que se habla de Podemos, para bien o para mal (esto es indiferente) estamos dando votos al partido chavista. Es una especie de mantra que repiten tanto súbditos de Pablo Iglesias como seguidores de otros partidos: cada vez que criticamos a Pablo Iglesias y a su formación política, les estamos haciendo la campaña política.

Si denunciar que sus dirigentes son comunistas, que Venezuela les apoya financieramente, que simpatizan con el régimen de Castro y que hacen guiños y carantoñas a ETA les da votos, no sé qué esperan los demás partidos para tomar ejemplo y hacer lo mismo. Desde este humilde espacio recomiendo encarecidamente a todos los partidos del arco parlamentario que comiencen a hacer cosas criticables y condenables para así mejorar sus opciones de gobernar. Si la crítica da votos, entonces Rajoy sacará 300 escaños en 2015.

Nadie duda de que (esto no es un dequeísmo, así que no sean pelotudos) hay personas capaces de votar a un partido en cualquier tipo de circunstancia. Por ejemplo, el PSOE ganará las próximas elecciones andaluzas y el PP en Valencia ganó las últimas elecciones autonómicas con una cómoda mayoría absoluta. Y todo ello a pesar de la corrupción institucionalizada y de la ineficaz gestión de los gobernantes de ambas regiones. ¿Por qué iba a ser diferente con el votante de Podemos? Especialmente cuando es un partido que no busca un voto reflexivo, sino un voto ideológico y populista.

Ya me he cansado de que en cada crítica a Podemos salga un imbécil diciendo “yo no iba a votar a Podemos, pero con esto ya me has convencido”. Pues si una crítica te ha convencido, es que tienes algún tipo de imbecilidad que debes tratar cuidadosamente con la ayuda de expertos. No podemos luchar contra la ceguera, sí podemos curar la vista a quien tiene algunas dioptrías y anda despistado.

El cinismo de los fanboys de Pablo Iglesias es increíble: se puede criticar a cualquier partido menos a Podemos. Es un comportamiento igual de maduro que el que tiene una belieber mojabragas cuando dices algo de su veinteañero ídolo. ¿Se puede convencer a una fan de Justin Bieber de que deje de gustarle el cantante? No. ¿Se puede convencer al miembro de un círculo de Podemos, que cree que está cambiando el mundo, de que no debe votar a Pablo Iglesias? No, no pierdan el tiempo. No se preocupen por las críticas a Podemos, los niños rata del partido votarán a Iglesias bajo cualquier circunstancia. Su voto no es racional y ya está decidido a año y medio vista.

Otros partidos no tienen estos súbditos ciegos, similares a los miembros de una secta. Por ejemplo, en comparación los votantes más convencidos de UPyD apenas pasan de simpatizantes del partido. Porque en la formación magenta se pone en tela de juicio todo, hasta al líder y su voto no es básicamente irracional, sino que es un voto exigente y limitado por la autocrítica. En las sectas no existe la autocrítca, en el votante de Podemos no existe autocrítica. Por cierto, lo mismo ocurre en Venezuela, donde un chavista es capaz de justificar la pobreza, la censura, la muerte en las calles de decenas de estudiantes o el encarcelamiento injustificado de la mitad del partido de la oposición.

Es absurdo usar la razón para intentar convencer de algo al que no la usa. Al dogmático hay que dejarle con todas esas mierdas con las que duerme bien por las noches. Las críticas a Podemos no van a hacerle cambiar de opinión. Si se publicara que Iglesias ha matado a quince personas seguirían diciendo “no iba a votarles, pero ahora sí lo voy a hacer”. ¿Qué más da lo que piense o diga esta gente?

Algunos pretenden que nos crucemos de brazos y que nos quedemos a ver cómo los medios de comunicación progresistas elevan a su intocable líder de pelo lacio. Yo no pienso dar a Pablo Iglesias el humilde privilegio de mi silencio. ¿Por qué tendríamos que darle esa ventaja?

Tal vez la frase que mejor define el siglo XX es del político Edmund Burke que, irónicamente, nació y murió en el siglo XVIII: “Lo único que se necesita para que triunfe el mal es que los hombres de bien no hagan nada”.

Criticar a Podemos es tan necesario como criticar al resto de partidos, y aunque jamás hayan gobernado, hay motivos de sobra para no quedarse callados. Especialmente porque el partido de Pablo Iglesias es un partido que aspira a llegar al poder comprando votos con promesas pagadas con nuestro dinero y que pretende entrar en nuestras vidas y coartar todavía más nuestras libertades. Así que permítanme, humildemente, no seguirles el juego a los que pretenden una España bolivariana de paguita y populismo hasta en la sopa. Recuerden: no podemos curar a los ciegos, pero sí a los cortos de vista. Y serán estos últimos, y no los primeros, los que decidirán si en los próximos años España se va a la mierda o no.