Hace años alguien se molestó en hacer un laborioso gráfico con las diez mayores empresas de alimentación del mundo y las marcas que comercializaban. El gráfico es sobradamente conocido y ha dado vueltas y vueltas por las redes sociales. En 2012 se hizo una actualización del mismo para introducir las marcas que habían cambiado de manos o de nombre o que habían desaparecido. Valiéndose del gráfico, comenzó a difundirse la idea de que esas eran las diez grandes empresas de alimentación que nos venden casi todo lo que comemos. El bulo se extendió ante la ignorancia general y el desconocimiento del mundo en el que vivimos en particular (y no es poco particular).

Iluso de mí, creí que ya habríamos superado aquella fase, y que nos habríamos olvidado de aquella visión del mundo en la que unas pocas empresas controlan la alimentación de todo el planeta. Nada más lejos. Ayer me encontré con un teletipo de Europa Press titulado “Las diez empresas que dominan el mercado mundial de alimentos” y emitido el pasado 21 agosto. Algunos medios de comunicación publicaron el teletipo, como El Economista, que cambió el título por “Solo diez empresas controlan el mercado mundial de alimentos” para que tuviera más chicha (y la mentira fuera mayor). Periodista Digital optó por titular más ridículo: “Las 10 empresas que se tragan lo que te gastas en comer no sufren una indigestión de pasta”, aunque al menos sí revisó el texto servido por la agencia, pero cuya autoría eliminó.

La historia de las diez grandes empresas que lo controlan todo en 2014 se ha publicado en periódicos de todo el mundo que han recibido un informe de Intermón Oxfam al respecto y no lo han contrastado. Por cierto, las diez empresas son Nestlé, PepsiCo, Coca-Cola, Unilever, Mondelez, Danone, Kellogg´s, Associated British Food, General Mills y Mars.

Investigando un poco más me topé con un reciente artículo de esta ONG publicado por ellos mismos en ElDiario.es en el que se volvía a la carga con el asunto. Su autor, el ilustre Ekaitz Cancela, con el que ya me topé en el pasado. Con su permiso, voy a aportar mi granito de arena a acabar con esta leyenda urbana. En “¿Desayunar, o frenar el cambio climático?” nos cuentan lo siguiente:

“Las diez grandes compañías alimenticias, que monopolizan todo lo que comemos, no hacen lo suficiente para tratar de manera justa a las mujeres, detener el acaparamiento de tierras o acabar con el cambio climático, culpable de las crisis alimenticias”.

Monopolizan, acaparan y son culpables. No empezamos bien. Sigamos un poco más antes de hacer trocitos:

“Como consumidor, cada mañana me enfrento a la difícil tesitura de elegir entre la amplísima gama de productos elaborados por “las 10 grandes” que abarcan casi todo el mercado, o evitarlos y erigirme en un boicot silencioso contra sus actividades.”

Bien, dejamos a Ekaitz desayunando. Nestlé es la mayor compañía de alimentación del mundo. Da trabajo a 330.000 trabajadores en todo el planeta (unos pocos más que Oxfam) y tuvo unos beneficios en 2013 de 8.000 millones de euros. A pesar de ser la más grande en su sector y de vender sus productos a 1.000 millones de personas en todo el mundo, solamente produce el 2% de los alimentos y bebidas envasados de todo el mundo, según reconoce la propia compañía. La segunda más grande es PepsiCo, con unos 275.000 empleados. Su facturación proviene a partes iguales de bebidas y alimentos (mitad y mitad). Su beneficio fue de 6.740 millones de dólares, poco más que Unilever, la tercera en discordia. Teniendo el cuenta que los productos de Nestlé (siendo la más grande de las diez) suponen el 2% de los productos envasado del mundo, y teniendo en cuenta los ingresos y el tamaño de las diez empresas, podemos asegurar que las diez mayores compañías de alimentación del mundo no producen más del 10% del total de productos envasados que se venden a escala mundial. Si calculáramos el porcentaje sobre el total de alimentos que se consumen en el mundo incluyendo a los alimentos frescos y sin envasar, el porcentaje sería todavía mucho menor. Es cierto que la presencia de estas compañías es mucho mayor en unos países que en otros, pero hablar de un “monopolio de todo lo que comemos”, de acaparar o de que “abarcan casi todo el mercado” es una absoluta ridiculez.

Según la Robert Wood Johnson Foundation (de los Wood Johnson de toda la vida) en 2007 en Estados Unidos las 16 compañías más grandes vendieron el 36% de las calorías de los alimentos y bebidas envasados que se consumieron en el país (de las calorías, no de los alimentos). El estudio es osado, pero puede aportar algo de luz. Pero, por ejemplo, en aquel país, hay 19 compañías de alimentación que venden más que Unilever y 49 que venden más que Danone, a pesar de que está creciendo.

En España la industria de la alimentación da trabajo a unas 440.000 personas, de las que apenas 6.000 trabajan directamente para Nestlé, unas 2.000 para Danone, 1.300 para PepsiCo y unas 1.000 para Unilever. La industria alimentaria es tan gigantesca que es imposible dominarla incluso para las más grandes, por más que compren otras empresas más pequeñas y por más que se empeñe Intermon Oxfam.

Escarbando un poco más llego a una campaña anterior de la citada ONG sobre el mismo tema (tienen fijación), cuyo resumen puede verse aquí. El artículo se llama “Las 10 mayores empresas de alimentación y bebidas no respetan los derechos básicos de sus productores”.

Al principio del artículo se dice que estas diez grandes empresas “juntas ganan 1.100 millones de dólares al día”. ¿Perdón? Desconozco de dónde se han sacado el dato (de la máquina de café de la oficina, imagino), pero el dato real de beneficio neto con los informes anuales de las compañías sería el siguiente:

Nestlé 10.015 millones, PepsiCo 6.740 millones, Coca-Cola 8.584 millones, Unilever 6.393 millones, Mondelez 3.935 millones, Danone 1.877 millones, Kellogg´s  1.150 millones, Associated British Food 1.050 millones, General Mills 1.824 millones y Mars, desconocido.

Mars es una empresa familiar que, sorprendentemente, no revela su beneficio neto. Por el tamaño de la compañía (72.000 empleados) y sus ingresos (33.000 millones), que sí son públicos, y porque se estima que es la sexta más grande de las diez, vamos a otorgarle unos generosos 3.500 millones de dólares de beneficio neto, que seguramente no alcanzó ni de lejos.

La suma total del beneficio de las diez empresas fue de unos 45.000 millones en 2013. Es decir, de unos 123 millones de dólares diarios. Y eso, sumando los beneficios totales de estas empresas, a pesar de que algunas de ellas obtienen algunos ingresos de sectores alternativos a la alimentación y las bebidas. ¿De dónde saca Intermón Oxfam una cifra casi diez veces mayor a la real? Vaya usted a saber.

Mejor no investigar más. La precisión de Intermón Oxfam en informes y artículos ni está ni se la espera. Su capacidad para rectificar un informe, incluso cuando media prensa nacional demuestra que es erróneo, también es nula. Ni hablamos de su honestidad política, igualmente inexistente. Ellos se construyen su mundo imaginario progre para poder llamar la atención e ir dar lecciones a los demás.

La industria de la alimentación es un monstruo que representa el 10% de la economía mundial y en el que trabajan desde los empleados de Nestlé hasta los individuos que venden fideos con ternera en las calles de Bangkok o el tipo que se dedica a triturar caballos e ir distribuyendo su carne por toda la cadena alimentaria. Decir que las diez compañías más grandes venden todo lo que comemos es absurdo. Desterremos el mito del monopolio mundial de la alimentación, porque de momento no existe.

P.D.: durante la escritura de este artículo bebí un Red Bull (de la empresa austriaca del mismo nombre), un té y tomé unas almendras marca El Corte Inglés aportadas por una empresa española que no pertenece a otra más grande. No diré de qué marca era el té.