Desde que el 15M tomó las calles españolas cuando ya sabíamos que el PP ganaría claramente las elecciones de 2011 (no antes) entre los ciudadanos ha corrido la idea de que su opinión es muy importante y debe ser escuchada. Dicen las encuestas que los políticos y los partidos están demasiado alejados del pueblo, al que no hacen caso. Fue en el seno del 15M en el que lo asambleario se puso intensamente de moda. Todo el mundo tenía algo que decir, ya no bastaba con votar cada cuatro años. Abusando de esa premisa fue como el propio movimiento ciudadano se estrelló contra un muro. Los errores fueron muchos y entre los más destacados estaban anunciar que carecían de ideología y presumir de que no tenían líder concreto, que eran horizontales como un solar. Y como un solar acabaron. Primero, porque presentaron un programa con una serie de propuestas que, para ser un programa sin ideología, resultaban puro comunismo. Y segundo, porque no tenían una cabeza visible que expresara lo que el movimiento quería decir. Tal vez el remate final fue plantar lechugas en las jardineras de Sol.

De aquellas perroflautadas surgió Podemos, un partido que se ha vendido como regenerador y cargado de democracia interna y participación ciudadana. Para demostrarlo, el partido no dudó en crear los “círculos” (o asambleas ciudadanas) a imitación de los chavistas. Sí, Podemos tenía una cúpula, la que había creado el partido, y dos o tres cabezas muy visibles. Pero en el partido decían que esas cabezas podrían ser sustituidas en cualquier momento por otras personas. Huyendo de la expresión “partido político”, se presentaban como una “plataforma ciudadana” en la que todos podrían aportar sus opiniones y magníficas ideas. A la hora de la verdad, Podemos ha acabado siendo un partido tan vertical como el que más.

En un alarde de democracia interna, tras algunas presiones de las bases, Podemos sometió a votación libre la elección de una candidatura que organizara la asamblea constituyente que dará forma al partido este otoño. A esta petición de elecciones libres Monedero la definió como “golpe de Estado para controlar la organización desde fuera”. Solamente hubo dos candidaturas: la de Pablo Iglesias y la del llamado “Círculo de Enfermeras”. Apenas hubo tiempo para que se presentaran candidaturas alternativas a la del líder del partido, que en un alarde ejemplar de democracia, ni debería haberse presentado (él ya es eurodiputado). Pero se presentó, y hasta el día anterior a la votación, su lista fue la única en aspirar a preparar el congreso de otoño. La votación la ganaron el omnipresente Iglesias y su lista con un 86% de los votos. Al “Círculo de Enfermeras” ni le ponemos cara todavía. Es llamativo que en un partido tan supuestamente horizontal, supuestamente participativo y supuestamente democrático solamente luchen dos listas y una de ellas no tenga el apoyo de toda la maquinaria del partido.

Tras la creación de los círculos llegó la creación de un foro en el que los seguidores del partido pueden discutir las medidas más necesarias para el buen funcionamiento del país. Es un ForoCoches del partido en el que se intenta arreglar el mundo con el mismo nivel argumentativo que podríamos encontrar en una barra de bar cualquiera. Respetable para pasar el rato y para que unos cuantos crean que están cambiando todo y que se les escucha.

Tras el foro, llegó la hora de buscar afiliados. Realmente no son afiliados, sino personas que rellenan un formulario por Internet desde sus casas. Para afiliarse al PP hay que ser mayor de edad, español, no puedes militar en otro partido, tienes que ser ciudadano de la UE, conocer los estatutos del partido, rellenar una ficha con fotocopia del DNI y presentarla físicamente en la sede del partido de tu lugar de residencia. La ficha debe estar, finalmente, avalada por dos afiliados. Además, debes pagar una cuota. ¿Cuántos afiliados, que merezcan dicho nombre, tiene Podemos? Cero. Pero lo que importa es la apariencia de partido de la gente, del pueblo y de partido participativo y de mayorías.

Con estos mimbres engañabobos, la lógica ha seguido avanzando, y el supuesto asamblearismo se ha ido erosionando. Una vez cogidas las riendas del partido, los líderes ya han decidido que la estructura del partido será la habitual: un líder, un portavoz (puede que sea el mismo que el líder), órganos ejecutivos centralizados y una cúpula o núcleo duro con 10 o 15 personas de la confianza del mencionado líder. Es decir, serán la casta de Podemos. Al final, el que iba a ser un partido horizontal y asambleario tendrá un aparato como el PP, como el PSOE o como Izquierda Unida (si sigue existiendo cuando termines de leer esto).

Los círculos y las asambleas quedan relegadas a un plano secundario y prescindible. Se reunirán cada tres años (nada menos) y todas las personas que forman parte de Podemos podrán participar con voz y voto. Por supuesto, las decisiones de los círculos de Podemos “no podrán contravenir la política general del partido”. Así viene recogido en el borrador de los futuros estatutos que aprobará pronto el partido. Esto es lo mismo que decir “discutan ustedes lo que quieran, que nosotros ya haremos lo que nos dé la gana”. A su vez, la Comisión de Garantías (el dedo de Iglesias, realmente) podrá “determinar la disolución forzosa de un círculo” y también podrán sancionar los casos de “incoherencia ideológica”. Los círculos, en definitiva, solamente serán un espacio en el que vanagloriar a la cúpula, repetir los argumentos y principios del partido o permanecer en silencio. ¿Cuál es y cuál será su aportación real? Ninguna.

Es cierto que se dispondrá de un mecanismo de revocación (a modo de referéndum) para poder prescindir del portavoz, los miembros del consejo ciudadano o los miembros de coordinación. Eso sí, para presentar el referéndum, deberá ser convocado por al menos el 30% de los afiliados de la formación. Es decir, si Podemos tiene 100.000 afiliados (de lo que ellos llaman “afiliados”), serán 30.000 personas las que tendrán que convocar un referéndum. Parece complicado conseguir que 30.000 personas de toda la geografía española se pongan de acuerdo para aprobar dicha votación revocatoria. ¿Cómo podrán comunicarse entre ellas? Esto es un brindis al sol de primera. Digamos que el líder del partido y la cúpula tendrán sus cargos blindados y bien blindados.

Podemos (claro que Podemos) adelantar parte de esa cúpula: Pablo Iglesias, Juan Carlos Monedero e Íñigo Errejón. Si acaban absorbiendo a Izquierda Unida, incluyan a Tania Sánchez y Alberto Garzón. Si me equivoco, siempre me lo podrán reprochar en los comentarios o en Twitter.

Olvidemos las quinielas. Un eurodiputado de Podemos, Pablo Echenique, reconoció que había intrusos en el partido y que había que poner “medidas de control”. Es curioso que en un partido por hacer, en el que se pretende discutir todo, pueda haber intrusos. ¿Cómo sabes quién es intruso si los principios de tu partido están todavía por discutir y por determinar? Lo mismo el intruso es Pablo Iglesias, que no concuerda con los principios de las bases. ¿O es que, tal vez, la cúpula del partido ya ha ido decidiendo los principios de la formación sin someter nada a votación alguna de los afiliados? De momento, que sepamos, la asamblea de Podemos de Orense ya expulsó en el mes de agosto a dos miembros que se quejaron de que la asamblea de esa ciudad “está manipulada y no se deja participar a la gente”. La discusión fue airada y hubo insultos y amenazas. La expulsión se decidió sin votación. Diez personas abandonaron la asamblea antes de que terminara.

Es lo que los votantes de Podemos llaman “disidentes”. Los reyes en poner adjetivos a todo lo que no les gusta, tampoco aceptan las críticas o las opiniones contrarias del exterior, como las de Alaska, Sabina o Willy Toledo. El argumento de respuesta a las críticas más utilizado es que los cantantes y actores deben dedicarse a hacer lo que saben hacer. Los profesores universitarios también podrían dedicarse a hacer lo que saben hacer…

El caso es que Podemos ya ha tomado posición ante determinados asuntos sin consultar a sus bases. Lo último ha sido apoyar la celebración del referéndum independentista de Cataluña e incluso llamar a la desobediencia civil si legalmente se prohíbe la consulta. ¿Ha consultado el partido a sus bases esta posición sobre un tema tan importante? No. Ni ganas. ¿Consultarán a sus afiliados la conveniencia o no de unirse a Izquierda Unida? De momento no. Lo está valorando la cúpula y lo decidirá la cúpula. Y si la casta de Podemos decide que la alianza les perjudicaría, el tema no se someterá a votación, sencillamente.

El líder que no cree en las asambleas

Superada la irrealidad de lo asambleario, Podemos es el partido más personalista de la política española junto a UPyD y Ciudadanos. De hecho, ya podemos adelantar que el candidato a las elecciones generales de 2015 será Pablo Iglesias (¿alguien lo duda?). Y si pudiera, sería el candidato a alcalde de Madrid a presidente de Aragón y a senador por Huelva al mismo tiempo. Recuerden que el logotipo de Podemos en las papeletas electorales de las últimas Elecciones Europeas era el rostro de su amado líder. Pero al partido le preocupa la apariencia que dé la formación en este sentido. Así que, para que parezca que no es Pablo Iglesias la única voz de Podemos, para reducir esa apariencia de partido personalista, la formación comunista ha ampliado su abanico de tertulianos. Pero en el partido no están tranquilos ni contentos con esos sustitutos del profesor de la coleta y saben que sin su líder los debates no son lo mismo ni tienen la misma audiencia. Así que pronto veremos a Iglesias regresar a los platós de La Sexta y de Cuatro de los que en parte se ha alejado. Podemos depende de él y mucho, tal como les ocurre a los partidos personalistas.

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Pablo Iglesias no es tonto y sabe de sobra que el sistema asambleario es una milonga de primer nivel y no está dispuesto a convertir a Podemos en una máquina de perder el tiempo escuchando al pueblo. En una entrevista que concedió en Galicia, donde asesoró a la extrema izquierda gallega para las municipales de 2011, daba su opinión sobre los partidos asamblearios. Al ser preguntado por “cómo debería articular la izquierda la relación con su electorado” contestó lo siguiente:

“Puedo hacer una respuesta bonita: participativo, listas abiertas, todo el mundo llegando, levantando la mano, dando su opinión, construyendo procesos desde la base, que luego ya se reunirán en una cafetería los jefes para tomar las decisiones importantes. No me interesa eso”.

No le interesaba eso cuando concedió la entrevista, pero es exactamente como Podemos se ha vendido al público: como un partido participativo en el que todo el mundo puede levantar la mano y dar su opinión. Ya sabemos lo que pasa, como hemos contado aquí, con las opiniones de “la gente”. Las decisiones de peso se toman en una reunión de la cúpula del partido.

La respuesta de Iglesias sigue:

“El empoderamiento político no pasa tanto por las relaciones entre electores y representantes, sino por una serie de transformaciones que dan poder a la gente. La clave de la democracia es repartir el poder. Es quitar el poder a los que lo acaparan para repartirlo entre los que no lo tienen. No hay fórmulas mágicas”.

Más tarde añade que “quien piense que la política no necesita de liderazgos para acumular poder, está pensando de manera ingenua o de una manera egoísta”.

Y sentencia finalmente:

“No vamos a poder imponer que la política sean asambleas con toda la gente bien informada, opinando, respetando los turnos de palabra y tomando las decisiones por consenso. No funciona así”.

¿Cómo puede ser que no crea en las asambleas el líder de un partido político que surge del 15M y que defiende que todo el mundo debe poder opinar en un sano debate entre ciudadanos? ¿Para qué sirven los círculos de Podemos si su líder y creador no cree en ellos? ¿Qué es este engaño?

En definitiva, los círculos de Podemos no son más que una herramienta para que miles de entusiastas votantes crean que están cambiando el mundo en un partido político que creen que les escucha. Pero el partido ni les escucha, ni les permite tener una actividad continuada (sino una vez cada tres años) ni cree en ellos. Sí considera el partido que los círculos dan buena imagen y mantienen a miles de fieles enganchados a Podemos, tal como ocurre en Venezuela. Luego son el poder bolivariano, el aparato del partido y del Gobierno, la cúpula, los que deciden qué se debe y qué no se debe hacer.

Podemos es un partido tan vertical y tan democrático como cualquier otro, ni más ni menos. Su papel de partido que da voz al pueblo es, sencillamente, un fraude. Un fraude porque ni su líder (literalmente) ni su cúpula (explícitamente) creen que la opinión de “la gente” sirva o aporte algo. Los círculos y las herramientas virtuales de supuesta participación son un engaño, un entretenimiento, una distracción en la que los fieles al partido vierten sus opiniones mientras se reúnen “en una cafetería los jefes para tomar las decisiones importantes”.

Hasta que las bases no tomen una decisión con sus votos que contravenga la posición preferida de la cúpula, no podremos creer en la democracia interna de Podemos. Hasta que no veamos a la actual cúpula de Podemos abandonar su privilegiada posición y dejar paso a otros, será difícil creer que la democracia interna de este partido dista mucho de la de los demás. Hasta que no veamos a Pablo Iglesias renunciando a ser el líder de todo, no podremos creer que la democracia interna del partido merece algún tipo de consideración especial.

Podemos es lo de siempre con un poco más de maquillaje, un buen discurso ideológico y un par de herramientas tecnológicas de escaso valor real para mantener fieles a los ilusos. Podemos es un nuevo fracaso de intentar crear un partido realmente asambleario en el que todos los seguidores tienen algo que decir. En definitiva, Podemos no es la voz del pueblo ni de los afiliados, sino que los afiliados son la voz de su amo, de su querido líder. Y más les vale seguir siéndolo.