“Llueve en Madrid, parece que estamos en una canción de Sabina en los 80”. Así de “espontáneamente” saludó Iglesias a Risto Mejide al comienzo de su entrevista en ‘Viajando con Chester’. Nunca había caído en que cada vez que llueve en Madrid parece que estamos en una canción de Sabina. Será que tengo la sensibilidad atrofiada o que Iglesias sigue tendiendo puentes y pidiendo disculpas, a su manera, al cantante, tras su rifirrafe con Monedero. El caso es que Iglesias asegura que ve “muchísimo” el programa de Mejide, aunque al final no supo que en el sofá hay que poner una dedicatoria o una frase profundita. Pero dejemos de momento la falsedad y la actitud impostada a un lado.

Risto acertó dejando a un lado el diagnóstico de la situación política española (que ya lo hemos escuchado cuarenta veces) y centrándose en las propuestas del líder de Podemos para arreglar el país. Por supuesto, tocó hablar de economía. Por cuestiones de espacio, y porque su tiempo no es infinito, no he analizado toda la entrevista. He recuperado unos pocos fragmentos en los que Iglesias insistió en una idea simple y preocupante: si has tenido éxito y has creado una gran empresa, has hecho trampas, te han ayudado los políticos.

Iglesias: Cuando nosotros usamos la palabra casta, por desgracia estamos señalando una realidad. A nosotros nos dicen a veces ‘¿Por qué vosotros seríais capaces de hacer una reforma fiscal?’ Porque yo no le debo nada a Gas Natural, como el ex presidente Felipe González, que está en el consejo de administración de Gas Natural, porque yo no le debo nada a Endesa, como el expresidente Aznar, que está en el consejo de administración de Endesa. Los grandes empresarios de este país han ganado dinero, salvo pequeñísimas excepciones, por estar cerca del poder, por conseguir concesiones administrativas. Claro que sí.

Aclaremos que Aznar no está en el consejo de administración de Endesa, sino que es asesor externo desde 2011, siete años después de que dejara la política. Felipe González sí pertenece al consejo de administración de Gas Natural, también desde 2011, cuando se había retirado de la política activa once años antes. Saldrá de ese consejo de administración en 2015, tal como anunció el pasado mes de enero. Sobre la llamada “puerta giratoria” se hace demagogia barata hasta aburrir. Puedo entender que algunos casos resulten llamativos, pero también me resultaría llamativo que De Guindos, cuando abandone su ministerio, se vaya a trabajar a un McDonald´s. Me gustaría que los protagonistas de esta supuesta puerta giratoria dijeran públicamente lo que creen que van a aportar a la empresa, en un mero acto de normalidad y transparencia. Pero sería igualmente ridículo. Y en cualquier caso, serán los que denuncian estas prácticas los que tendrán que demostrar qué favores le deben Gas Natural a González y Endesa a Aznar o si siete y once años fuera de la política no son suficientes para poder trabajar para una gran empresa.

Sigamos:

Iglesias: Y si no, pregunta a los pequeños y medianos empresarios, que son los que sacan este país adelante, si ellos lo han tenido fácil. Y sin embargo, algunos de estos señores que tienen aviones privados y que son amigos de toda la clase política, que les llevan en sus aviones, que van a cenar con ellos… ¿Estos son emprendedores? No. Estos son casta, que se han hecho ricos, en muchos casos, por estar cerca de los que mandan, y eso no puede ser.

Es un verdadero problema que alguien que aspira a gobernar un país piense que los empresarios que han tenido éxito lo han tenido porque los políticos les han enchufado. Al principio dice “salvo pequeñísimas excepciones” (¿?) y luego dice “en muchos casos” (¿?). No se aclara. Es un argumento tan sectario y tan repugnante que asusta. Asusta porque si un gobernante piensa que todos los grandes empresarios son unos delincuentes, una casta enchufada a la que hay que perseguir, en efecto, perseguirá a estas empresas.

Una gran empresa no es más que una empresa que empezó siendo pequeña y fue creciendo. Punto. Y muchas empresas de éxito no han contado con el apoyo de los gobiernos en forma de concesiones monopolísticas. Los pequeños y medianos empresarios, si todavía no son grandes empresarios es porque no han tenido el tiempo, la suerte o el talento suficientes para seguir creciendo y llegar a levantar una gran empresa. Solamente un radical es incapaz de percibir algo tan obvio. Podemos preguntar, por supuesto, a esos empresarios si lo han tenido fácil. Claro que no lo han tenido fácil. Pero los que han llegado a ser grandes empresarios tampoco lo han tenido fácil, ni mucho menos. Que exista una minoría que haya sido favorecida por el poder político en determinadas circunstancias no justifica pensar que el que tiene éxito es un enchufado y un delincuente y que los que levantan el país son solamente las pequeñas y medianas empresas. Las 35 empresas del Ibex, por ejemplo, dan empleo a más de un millón de personas, pero como sus dueños y directivos no viven precisamente mal, merecen la deshonra de Iglesias.

Para Iglesias la grandeza no es alcanzable salvo desde la corrupción, y el éxito no es algo honorable sino la evidencia de que se han hecho trampas. Debería aclarar Iglesias qué es una gran empresa para él y cuándo uno es rico y cuándo no, cuándo uno ha tenido suficiente éxito como para ser considerado casta y, por ello, alguien a quien hay que perseguir.

Hay más:

Risto: Él (Botín) no quiere que se nacionalice la banca, porque él es propietario de un banco.

Iglesias: Él debería entender que por encima de su derecho a enriquecerse, están los derechos de los ciudadanos y en este país el comportamiento del sistema financiero ha servido para que a mucha gente la echen de su casa.

No son pocas las declaraciones de Pablo Iglesias en las que deja a los ricos fuera del término “ciudadanos” y automáticamente fuera de esos derechos de la ciudadanía. El derecho a enriquecerse de una persona es absolutamente esencial en una sociedad próspera (y la ausencia de ese derecho uno de los motivos por los que fracasa el comunismo). Si yo me enriquezco el Estado no puede decirme que no tengo derecho a enriquecerme porque hay una persona que lo está pasando mal. El Estado no puede trasladarme a mí problemas que debe resolver el Estado y no puede quitarme mis derechos en función de lo bien o de lo mal que les vaya a otras personas o en función del número de parados. Los derechos no van y vienen en función de la gente desgraciada que haya en un país. Parece querer decir que como hay muchos desgraciados, ahora usted no tiene derecho a enriquecerse. Los derechos no van y vienen en un país serio y decente según sople el viento. Pablo Iglesias pretende un Estado gigantesco pero que no tenga responsabilidad y culpa de nada, justo lo que ocurre en Venezuela, donde la culpa de todos los males es de la burguesía, la oligarquía, el imperialismo… Por eso Pablo Iglesias jamás habla de crear riqueza. Él solamente habla de quitar el dinero a unos para dárselo a otros o de hacer prevalecer unos supuestos derechos mientras se carga otros.

Resumir que el comportamiento del sistema financiero es que a la gente la echen de su casa es otra prueba más de su sectarismo y su infantilismo. El sistema financiero lo que ha hecho es ayudar a que millones de personas hayan podido comprar una casa. El sistema financiero no ha quitado su vivienda a nadie. Ha recuperado viviendas que había pagado el sistema financiero. Y para ello ha tenido que desahuciar a una minoría de personas que habían pedido un préstamo y no habían podido devolverlo. Pero esas viviendas, en tanto en cuanto no habían sido pagadas por las personas que vivían en ellas, no pertenecían a nadie salvo al propio banco. Pero Pablo Iglesias vuelve a hacer lo mismo: traslada una responsabilidad del Estado a los bancos. Bancos que, por cierto, una vez más no dice que no quiera nacionalizar. ¿Con qué dinero? Es difícil saberlo. Eso sí, tras la experiencia de las cajas, creo que deberíamos haber tenido suficiente banca pública para una temporada.

Yo no tengo un negocio

Risto: Cuando habéis montado un negocio, como es un programa de televisión, porque no deja de ser un negocio…

Iglesias: No, no es un negocio. Un negocio es una cosa que sirve para ganar pasta.

Risto: No, no, no…

Iglesias: Sí, sí, sí… Un negocio es para ganar dinero. Business. O sea, si tú vas en ‘business class’ es porque eres un hombre…

Risto: O para cambiar el mundo

Iglesias: No, no. Uno no monta un negocio para cambiar el mundo.

Risto: ¿Ah, no?

Iglesias: No, monta un negocio para ganar dinero, que está muy bien y es muy legítimo.

Olvidemos lo de “business” como argumento (menuda imbecilidad). Lo cierto es que un negocio no es necesariamente algo para ganar dinero, por cierto, algo legítimo, como admite Iglesias a la cuarta. Si Iglesias considera que es legítimo lo de ganar dinero, tal vez debería respetarlo más, porque parece que tiene un problema con el acto de ganarse la vida, salvo cuando te la ganas con dificultades, fracasos y penurias. Si te la ganas humildemente, entonces él no tiene problema.

Por supuesto que La Tuerka es un negocio. La Tuerka es una empresa con sus ingresos (por publicidad de YouTube o por venta de contenidos como productora, por ejemplo) y sus gastos, sus salarios lamentables y sus trabajadores precarios. Y es un negocio aunque no dé beneficios. No son los beneficios los que definen si algo es un negocio o no, ni siquiera sus intenciones iniciales. La Tuerka es un negocio apoyado por otras empresas (como Público o Tele-K) que sirve y ha servido de plataforma de promoción social para sus creadores. Y el interés de darse a conocer como personaje para luego aspirar a otras cosas, como ir de tertulianos a la televisión nacional a 300 euros por aparición, es algo tan lucrativo y tan legítimo como los intereses de cualquier otro negocio.

En definitiva, volvemos al mismo planteamiento instalado en su cabeza. Si tu negocio es una mierda y no tiene éxito y no puedes ganar dinero con él porque no es rentable, entonces es respetable y ni siquiera hay que llamarlo negocio. Si tu empresa funciona, las cuentas salen y tienes éxito, entonces hay que perseguirte.

Y, como dice Risto, muchos negocios son creados con la idea de cambiar el mundo, de hacer el bien a otros, de construir un proyecto de vida y no con la intención esencial de ganar dinero. Si tienes éxito lo normal es que ganes dinero por el camino, pero esa no es a menudo la intención principal que lleva a muchos a crear una empresa, sino la realización personal, la plasmación de una idea, la respuesta a una vocación que muchos llevan dentro.

El tamaño importa

Risto: Hay muchos empresarios en este país que están puteados todos los días, que no ganan toda la pasta que podrían ganar en otros sitios, y sin embargo…

Iglesias: Y con esos hay que trabajar.

Risto: Y sin embargo siguen ahí, y siguen luchando. ¿Por qué? Porque tienen un sueño, el que sea.

Iglesias: Y hay que estar con ellos.

Risto: No lo hacen por pasta. No lo hacen por pasta, Pablo

Iglesias: Claro que no. Esos son los que sacan el país adelante.

Otra vez la distinción maldita. Los que sacan el país adelante para Pablo Iglesias son los empresarios de los que habla Risto: los puteados que podrían ganar más dinero en otros sitios y siguen luchando. Los que valen son los que no han tenido éxito todavía.

Risto: Todos los negocios no son por pasta.

Iglesias: Y precisamente por eso hay que diferenciar. Tú no puedes poner en el mismo saco a la pequeña y a la mediana empresa, que está sufriendo las condiciones…

Risto: ¿Es un problema de tamaño?

Iglesias: Hombre, claro que sí. Y de circunstancias. No es lo mismo el tipo que se echa el país a la espalda…

Risto: ¿En qué tamaño de empresa uno pierde los sueños? Cuéntame.

Iglesias: Déjame que termine el argumento. Gente que abre un bar, gente que tiene un negocio en el que tiene doce, quince trabajadores. Gente que se esfuerza muchísimo, que tiene enormes dificultades, porque precisamente por los recortes la gente no puede gastar. ¿Y tú vas a comparar a esos con los de la CEOE, que dicen que nos tenemos que ir a trabajar a Laponia? Venga, hombre.

Risto: Un tío que empieza con una mercería.

Iglesias: El sueño americano.

Risto: Una mercería vendiendo batas, vendiendo batas.

Iglesias: Es una excepción.

Risto: Batas de guatiné, a la ama de casa. Y acaba siendo Inditex

Iglesias: ¿Eso es representativo?

Risto: Perdóname, no, pero eso es a lo que aspiramos todos. ¿Y ese tío me estás diciendo que sólo lo ha hecho por pasta? Venga, hombre.

Claro que un tipo que empieza vendiendo batas y acaba construyendo un imperio es representativo. Es representativo de la potencialidad del hombre, de los sueños y aspiraciones que van más allá de la protesta de sofá y Twitter y de la subvención a fin de mes. Desde luego, si alguien se echa el país a la espalda, es el que es capaz de crear una empresa gigantesca que da trabajo a cien mil personas.

Es difícil (muy difícil) entender por qué una declaración puntual más o menos desafortunada (daría para otro artículo) del presidente de una comisión de la CEOE en 2012 sobre aceptar trabajos hasta en Laponia desacredita la actividad profesional de todos los empresarios exitosos del país. No, señores, estos argumentos no valen, no sirven y no son aceptables entre personas inteligentes. Si el presidente de la Asociación de la Prensa de Madrid dice una idiotez a mí no me representa como periodista ni se me puede valorar como profesional basándose en esa declaración. Y esto lo entiende hasta el más necio.

Pero, en efecto, Iglesias insiste en que el tipo que es respetable es el que no da trabajo a demasiada gente (“doce o quince”, como mucho), que sufre “enormes dificultades” porque la gente no puede gastar por los recortes. ¿Hemos de suponer que el hecho de que la gente no pueda gastar no afecta a las grandes empresas, a los bancos, a Telefónica, a El Corte Inglés, a Mercadona, a Iberia y a Inditex? ¿Algunas de estas empresas no tienen enormes deudas y dificultades para equilibrar sus balances? ¿Hemos de suponer que los que levantaron Inditex o El Corte Inglés no se esforzaron muchísimo? No, estas empresas no merecen el respeto ni la preocupación de Pablo Iglesias.

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¡Yo no te he interrumpido!

El embuste

Cuando es evidente que Iglesias no tiene argumentos decentes para defender su postura, recurre al comodín embustero:

Risto: Desde luego que hay que ganar dinero, pero gracias a ese tío tenemos una “marca España”. Ahí es donde ni tú ni ningún político que se ponga por en medio va a poder criticar eso. Eso son hechos. Estos tíos se han enfrentado al mercado, que es lo más complicado que hay.

Iglesias: En este país al tiempo que se hablaba de “marca España” veíamos a padres de familia buscando comida…

Risto: No me seas demagogo, que luego le das la razón a Pedro Sánchez.

Iglesias: No, no, no, leche demagogia, Risto. Hay gente en este país… En este país hay cinco millones de parados (enseña los cinco dedos de su mano izquierda para que no nos perdamos).

Risto: Que sí…

Iglesias: Pero es que no puedes decir ‘es que hablar de los parados es demagogia’.

Risto: No, pero que me hables de los parados cuando te estoy hablando del sueño de Amancio Ortega…

Iglesias: Es que nos está viendo mucha gente y tú les estás hablando de un tío que es multimillonario. Y es que, de la gente que nos está viendo, hay algunos, que estando en el paro, no reciben ninguna prestación.

Vale. ¿y qué tiene que ver eso? La cosa sigue, pero no vale la pena reproducir más, Risto ya se aleja del tema. Esta es una táctica muy de Iglesias cuando un debate no va por dónde a él le gustaría y lo está perdiendo: la huida. En este caso se agarra a algo denostado por sectores progresistas como la “marca España”. Da igual que sea un detalle anecdótico dentro de la argumentación de Risto, pero es un escape perfecto. A Iglesias incluso le cambia la cara cuando oye el término “marca España” salir de la boca del entrevistador. Lo escucha y piensa “esta es la mía”. Así que relaciona la “marca España” con alguna miseria al azar. Podría haber dicho cualquier otra cosa, el caso era recurrir al comodín. ¿Qué tiene que ver que la mayoría de los grandes empresarios y las personas de éxito merezcan nuestros respetos con que haya padres buscando comida (en un contenedor, suponemos)? ¿Tiene un gran empresario la culpa de que haya un señor buscando comida? ¿Ahora la culpa de los cinco millones de parados es de los empresarios y ya no es del bipartidismo? ¿Por qué enseña un cinco con los dedos? Son tantas las preguntas ante las falacias de este individuo… Individuo que si tuviera un poco de decencia, se callaría y no se sacaría de la manga argumentos para subnormales que ofenden la inteligencia, primero de Risto, y luego de los que le escuchamos. Lo he dicho en alguna ocasión, a Iglesias le importa mucho más la apariencia de razón que la razón misma. Si la tiene, bien, y si no recurre al comodín falaz. Porque Iglesias sabe que se dirige a un público manipulable al que fácilmente despista sacándose algo de la manga, exactamente igual que un trilero o un mago (de ahí viene la expresión misma), que distrae la mirada del espectador en medio de un truco. Algo así:

– Iba usted mirando el móvil mientras conducía.

+ Sí, pero hay cinco millones de parados.

– Y tiene un intermitente fundido.

+ Vale, pero hay padres buscando comida.

– ¿Me está tomando el pelo?

+ Gürtel y Bárcenas

– Le voy a tener que poner una multa

+ Culpa del bipartidismo

Esto es impresentable. Admiro a Risto por mantener una sonrisa cuando tienes enfrente a un tío que te desprecia y se ríe de tu inteligencia de una manera tan vergonzante.

La entrevista aborda otros temas y vuelve a la economía. Hablan sobre la auditoría de la deuda, la renta básica y otros asuntos que tal vez aborde en el futuro. Sobre la auditoría de la deuda recojo apenas un fragmento:

Iglesias: Esto lo hicieron en Ecuador. Y cuando lo hicieron en Ecuador, de repente todos se pusieron a la cola. Porque tú cuando a alguien le dices ‘mira, tú te has pasado de listo y tú has querido cobrar más de lo que te corresponde. Y tú vas a cobrar eso’

Risto: O puede decirte ‘Oye majo, habértelo pensado cuando me pediste la pasta’

Iglesias: Sí, pero ¿sabes la diferencia? Que yo soy un gobierno que tengo legitimidad popular. Y a mí tú porque tengas mucho dinero no me vas a intimidar, que es lo que pasa con los gobiernos de ahora. Es que manda narices, te han votado nueve millones de personas y viene un tío en un avión privado y te intimidan.

Risto: Y dale con los aviones privados. Le tienes una manía al avión privado…

Iglesias: Hombre, claro, porque la gente va en metro (¿? no son populistas ni demagogos, recuerde). No es que le tenga manía, es que la mayor parte de…

Risto: ¿Y el que va en avión es un hijo de puta por definición?

Iglesias: No, no, no, no. Pero que pague impuestos (¿?) y que cumpla la ley de mi país. Que no me amenace.

Risto: ¿Y que cree empleo?

Iglesias: Sí.

Risto: ¿Quién va a crear empleo?

Iglesias: La pequeña y mediana empresa.

Este diálogo es un delirio patético por parte de Iglesias. Que si unos no pagan impuestos y van en avión y otros en metro (él va en coche), que si me intimidan, que si tengo nueve millones de votos… La imaginación le juega una mala pasada y se emociona. Por no hablar de que Iglesias siempre se fija en las grandes economías y potencias mundiales como Ecuador, Bolivia y Venezuela… Eh, pero no son chavistas, no manipuléis.

Suponemos que Iglesias aspira a esos nueve millones de votos que menciona. Curioso, el sábado su compañera de partido dijo que el Gobierno actual, con once millones de votos detrás, no está legitimado. No se aclaran. Respecto a la deuda, demuestra de nuevo una ignorancia supina. Ningún acreedor ha cobrado a España demasiado por la deuda. Es más, creo que estamos pagando menos intereses por la deuda de los que realmente nos corresponderían por nuestra situación económica. Pero dejemos este asunto para otro momento. Me interesa el final. Para Pablo Iglesias quien tiene que generar empleo en España son las pequeñas y medianas empresas. Que lo que necesitamos realmente según el consenso es que las empresas crezcan para que sean más fuertes, puedan invertir más en innovación y puedan exportar y sortear mejor las crisis es otra de las múltiples cosas que ignora Iglesias (no da una). Pero, sea como fuere, ¿por qué Iglesias quiere acabar con las grandes empresas y desea que existan solamente medianas y pequeñas? ¿Qué tipo de planificaciones son estas? ¿Por qué se supone que el acreedor que viene en avión privado es de una gran empresa española? ¿Inditex y Jazztel compran deuda española para poder presionar al Estado? ¿Alguien entiende algo? Pablo Iglesias no.

El socialismo los quiere fracasados

Sabemos de sobra que al socialismo y al marxismo (ideología públicamente reconocida por Iglesias en varias ocasiones) no les interesan que existan personas que no son pobres, porque estarán en la oposición, porque formarán parte de la gente que, según su visión, explota a otra gente y que les roba el fruto de su trabajo.

Tampoco les interesan las grandes empresas, salvo cuando están controladas por el Estado. Si no, son elementos que escapan en parte a su control, y ya sabemos que si algo le gusta a Iglesias es controlar.

Por todo esto Iglesias es incapaz de valorar el éxito de los demás, por más que le insiste Mejide. Porque el empresario exitoso no quiere ser un esclavo del Estado con el que sueña Iglesias. Porque el empresario exitoso no necesita de la sociedad colectivista, de asamblea, de limosna estatal soñada por Podemos. Porque el exitoso antes se aplaude a sí mismo que a un político por muy rápido que hable o muy bien que venda humo. Porque el que ha sabido salir adelante por sí mismo no depende del Estado y de sus limosnas ni del resultado de unas elecciones. El éxito es el enemigo de la ideología de Pablo Iglesias y de sus aspiraciones de gobernar.

A este fanatismo enfermizo hay que añadir que todas las incongruencias y falacias de Pablo Iglesias son consecuencia de un absoluto desconocimiento del funcionamiento de la economía y de sus mecanismos más básicos, desde la propia generación de riqueza hasta el funcionamiento y utilidad de los mercados. Pero lo peor de todo es que a pesar de que ha recibido decenas de correcciones de diferentes economistas, él sigue empeñado tozudamente en que su forma de ver las cosas es la lógica y la realista y todos los demás son casta.

Me sorprende una forma tan simple y triste de ver el mundo en una persona que ha viajado, que ha vivido tiempo en el extranjero (y no solamente en repúblicas bananeras) y que ha conocido a cientos de personas realmente heterogéneas. Resulta desconcertante una simplificación tan ridícula y tan paleta del mundo, una reducción tan grotesca de las vocaciones, de los éxitos y de los sueños de los hombres en alguien que ha pisado no pocos países. Un tipo al que considero inteligente, que ha leído (y mucho) y que ha reflexionado bastante, lo reduce todo a conclusiones clasistas de patio de colegio: si usted es rico, algo malo habrá hecho.

El remate final, el colmo definitivo, es pensar que el que se atreve a valorar el esfuerzo de los demás y la validez de sus sueños y conquistas es un tipo que pretende coger nuestro dinero y repartirlo en forma de paguitas a todos los ciudadanos por rascarse los huevos. Esas son sus aspiraciones frente al éxito: el clientelismo.

Extra para campeones de la lectura

Iglesias tiene tan interiorizados su pose y su papel que cuando Risto le pregunta por su novia, el tono es exactamente el mismo que cuando habla de impagar la deuda. Incluso el entrevistador le advierte de que está hablando de su novia con gesto cabreado. Iglesias lo admite, pero apenas varía el tono. Este señor es un actor de primera. El caso es que las ganas de querer convencer y agradar, de sacar brillo a esa piel de cordero, de querer parecer un tipo simpático y sencillo, le llevan hasta el punto de afirmar y negar la misma cosa en diez segundos:

Iglesias: Yo no quiero que (mi pareja) me quiera porque sea de Podemos. Nos repetamos mucho, nos admiramos mucho, hablamos muchísimo de política, yo he aprendido muchísimo…

Risto: Una cita entre los dos debe de ser un coñazo, todo el rato hablando de política, ¿no?

Iglesias: Qué va. Normalmente cuando nos vemos ya estamos tan hasta las narices que hablamos de cualquier otra cosa. Ella es una tipa que lleva en política mucho más que yo.

Bonito jeroglífico. ¿Hablarán realmente de política Pablo y su novia? Depende de lo que suene mejor en cada segundo de la entrevista. El show debe continuar.