Estaba yo contemplando a una pareja de señores mayores que en la mesa de al lado dejaban los bordes de unos sándwiches que una marca de cafeterías sirve sin corteza desde hace ochenta años. Tal vez no veían bien los pobres. Escéptico andaba, pensando que algún día no tirarían medio sándwich sin motivo. ¿Quién ha hecho este pan que tiene miga y que ahora me sobra? Cuando los tiempos grises del mañana sean los tiempos grises del hoy, veremos si esa cafetería sigue existiendo y si esos señores siguen viniendo por aquí. Optarán por el Ritz, apuesto, gracias a la pensión de ocho mil euros que el comunismo les facilitará. Yo sí que no vendré.

Me fui de camino a casa y esta vez no me crucé con Inda, el tipo que hace perder al PP más votos que Bárcenas, el tesorero que nombró Rajoy. ¿Será Rajoy un corrupto? Por no saber distinguir entre un tipo honrado y un chorizo no se puede juzgar al señor presidente, supongo. Pero vaya genio. Seguro que el jueves antes de las elecciones generales imputan a Rajoy y el domingo todo el mundo vota a Bildu. Ha sido ETA.

Me paro frente a un bar. En una gran pantalla hay un partido de fútbol. El árbitro expulsa a un jugador por una entrada absurda. Ahora enfocan a su entrenador, que no se puede creer lo que ha hecho ese canterano en el que confiaba. Sigo andando.

Paso frente a un supermercado en cuya puerta hay un tipo pidiendo. No le doy dinero (lo guardo para donarlo a La Tuerka), pero le miro y pienso que es el único tipo que entendería que dentro de un año votara a Podemos, aunque sea por el corto plazo o por el mal de muchos. El individuo me saluda o algo así, yo balbuceo, saludo con la mano (es casi pedir perdón) y sigo andando. Casi en casa paso frente a la tienda de comestibles de un indio (o un iraní, seguidor de HispanTV). Siempre está abierta, domingos incluidos. Y seguirá siendo así mientras los políticos no se lo impidan caprichosamente. Tengo que preguntarle a Carmona si restringirá los horarios comerciales si llega a alcalde de Madrid. Le diré que si no los cambia, tiene mi voto. Si me lo promete, luego siempre podré echárselo en cara si no cumple. Lo cierto es que no recuerdo si voto en Madrid, pero me cae bien ese hombre (me refiero al indio).

Ya en casa, por la noche las cadenas nos ofrecen el enésimo masaje a Podemos. Empresas del Ibex alzando a un partido que ya ha amenazado claramente a sus dueños (millonarios de verdad) y a la libertad de los medios de comunicación con los que se lucran esos millonarios. Todo muy lógico. Dicen que las televisiones dan espacio a Podemos porque les da audiencia. Bueno, realmente no les dan espacio, les ensalzan como la televisión norcoreana hace con su líder. Pero claro, es que dan audiencia. Seguro que Amanecer Dorado sería ensalzado hasta el asco en la televisión de un judío si le diera audiencia. Encima nos toman por gilipollas, oiga. Hay algo que va mucho más allá de ingresar un uno por ciento más al final del año por pelotear a Podemos. ¿A qué juegan? Mientras lo pienso, veo que Monedero se cabrea en Telecinco con Rafael Hernando (tipo poco agradable random). El de Podemos está a punto de sacar el animal que lleva dentro. La novia de Pablo Iglesias (su nombre ya da igual), al lado de Monedero, algo asustada, levanta las cejas hasta los límites de su rostro. Es amiga y casi cuñada, seguro que en la publicidad le ha pedido que se calme un poquito. Al otro lado, Toni Cantó parecía tener miedo. Sé fuerte, Toni, hacemos lo que Podemos. La presentadora ha llamado al orden a Juan Carlos. Gran error. Hay que dejar que el profesor muestre su verdadero rostro antes de que pueda expresar sus cambios de humor con leyes y represión. Dicen por ahí, en los mentideros comunistas, que tiene pareja, que también es de IU, como la de Iglesias, pero que no es exactamente lo mismo. Desde luego Juan Carlos tiene más pluma que Miguel Bosé en los 80, eso no hace falta que lo rumoreen. Pero en fin, a mí no me importa realmente, yo le entiendo, que sea lo que quiera o lo que pueda. Lo que es seguro es que no piensa dejar de dar por culo. Confirmado.