Tiempo libre y vejez. La semana ha estado bien para morir. Repasaba la entrevista de Jordi Évole a Pablo Iglesias. Es la típica entrevista de amigo, donde todas las preguntas son las que desea el entrevistado, para poder irle aclarando al público los temas que están en el aire. Sus preguntas son como una buena asistencia de Benzema que Cristiano solamente tiene que meter en la portería. Todas, todas y cada una. A Iglesias solamente le faltó decir “me alegro de que me hagas esta pregunta” una y otra vez. Recordaba la entrevista que le hizo Risto no hace mucho, más honesta, buscando sacar las contradicciones de Iglesias, intentando dejarle como el demagogo que es, llevándole al extremo de tener que usar el comodín, el “manzanas traigo” habitual del líder podemita. La entrevista de Évole fue la que el propio Iglesias se hubiera escrito para sí mismo. Allá los dos con sus conciencias (de clase).

Pero me gusta ver a tipos que ganan una pasta en televisión, dirigiendo o presentando, que aceptan sin pestañear que Iglesias les diga en su cara que les va a bajar el sueldo cuando ponga un salario máximo. Y luego le vuelven a invitar y le aplauden con las orejas. Todo este teatro de mamadas periodísticas apesta a raro.

Como esas tarjetas opacas que no son opacas, sino todo lo contrario, como esos tertulianos del PP que hacen el ridículo y se les vuelve a mandar a la televisión tras una palmadita en la espalda y un “lo has hecho muy bien, sigue así”, como ese ministro de Hacienda que ofrece en directo en prime time una entrevista absurdamente mal preparada, delirante por momentos. ¿Se acuerdan? Se me apareció en mi última pesadilla.

A lo lejos, Dilma ganó las elecciones en la proporción habitual en la que ganan los partidos chavistas del continente americano. Nunca falla la costumbre: someter a la mitad de la población valiéndose del apoyo de la otra mitad (chanchullos aparte). Son unos regímenes tan fantásticos que a pesar de contar con toda la maquinaria del Estado y con una serie de embustes infinita a su favor, siempre ganan por la mínima y en la foto finish (usen pronunciación de Rajoy). Maduro y Errejón celebraban en Twitter la victoria chavista. No son buenas noticias, aunque a la mayoría le importe una mierda lo que ocurre en Brasil. La inconsciencia no conoce fronteras.

En Venezuela han detenido a siete tuiteros por sus opiniones. No por amenazas, sino por falta de optimismo con la situación del país. Cuando llegue el neogulag, en mi cuenta de Twitter se hablará exclusivamente de fútbol y se hablará para bien. Lo más polémico que se leerá será un “espero que todos los jugadores lo pasen bien en el partido”. Viva Venezuela libre.

Hablando de tierras lejanas, en Andalucía los médicos que adelantan las altas hospitalarias reciben pluses. Sobresueldos. Hacen justo lo contrario de lo que hacen en el sótano de la Facultad de Medicina de la Complutense. Cuerpos incorruptos, así que no serán del PP. Pero no se preocupen, es Andalucía, allí no se manifiesta ni Dios si no es Semana Santa.

Salgo a la calle y todo parece igual. Podemos ya gana las encuestas, dibujando las pesadillas de todos los que todavía tienen algo en la cabeza. Pero la gente aún no ha optado por el suicidio. Ilusos, todo se andará. Voy a mi cafetería habitual, como tipo rutinario que soy. Me siento. A mi lado dos tipos hablan del tema del año. No me van a dejar tomar un capuccino tranquilo sin que menten a la bicha coletuda. Hasta el café me sabe a pelo. “A ver si os calláis, cerdos”, debería haberles dicho. Pero no digo nada. Prefiero engullir mi donut mientras escucho sus chorradas. Uno de ellos comenta que Rajoy debería adelantar las elecciones porque las encuestas evidencian que su partido es tercera fuerza. Le miro con cara de casta. Él me mira con la cara que tiene, de pelotudo. Vuelve a bajar la mirada. Yo vuelvo al donut. Sería lo que faltaba, que Rajoy adelantara las elecciones. Adelantemos la década de comunismo, claro que sí. El último servicio de Rajoy a España debe ser no entregar el poder hasta el último minuto legal que tenga en su mano. La gente que quiera emigrar merece el año que tenemos por delante para ir preparando su vida en países libres y sin imbéciles en las cafeterías.

En lo único que creo ya es en el Real Madrid. Tenemos gente seria ahí. Alemanes, incluso. Cuando el comunismo nos imponga salarios máximos, montaremos el equipo con andorranos y con gente que cruce la valla de Melilla. Para entonces será mejor ser hincha presencial del Hertha o del Chelsea. Los dos tipos de la mesa no piensan irse, ni callarse. Ya he pillado la indirecta, así que me voy yo.