Cuenta mi padre que un hombre que conoció, en su lecho de muerte repetía una y otra vez que deseaba que el mundo se acabara, que todo se fuera a la mierda, que así le dolería menos irse al otro barrio. Mal de muchos…

Pero el mundo sigue donde lo dejamos y del tipo no deben de quedar ni los huesos. No está pudiendo disfrutar de este país podrido, ni de este frío invernal. He sacado el brazo por la ventana para ver si llovía y han considerado que había aumentado el tamaño de mi casa. Me han subido el IBI. Tenemos los impuestos tan altos que el comunismo ni lo vamos a notar. Incluso parece que la gente quiere pagar un poco más para poder seguir diciendo que tenemos sanidad gratuita.

Hace unos días vi por primera vez a Rato en persona. Fue el mismo día que asistía a mi primera boda. La gente se le acercaba y se hacía fotos. Yo evité cualquier contacto, que luego te recuerdan que una vez respiraste el mismo aire que un tío que tuvo una tarjeta black y acaban acusándote de haber hundido la economía de todos los continentes. Me sentí tan casta que me pedí perdón ante el espejo mientras me quitaba el olor a clase alta con un estropajo. Froté tan fuerte que cambié de ADN. Emocionado con el poder, he aprovechado para pedir a Interior que me ponga una escolta. Me han dicho que sin coleta nada. El capitalismo no funciona.

Está todo el mundo emocionado con el anuncio de la Lotería de Navidad. Puede ser el último sorteo en el que el Estado no te encarcele por ganar y convertirte en rico. Realmente lo que repartirán en el Gordo de este año son invitaciones para salir del país. Suerte a todos.

Comentaba alguien el otro día que el comunismo, por no funcionar, no funcionó ni en Alemania. Es cierto. Algunos, como esa mujer decepcionada que es Cristina Almeida, dicen que el comunismo moló mucho realmente y que lo de levantar un muro de 150 kilómetros fue para que no corriera tanto el aire. El propio Pablo Iglesias ha lamentado en distintas ocasiones la caída del muro de Berlín. Debería irse a tomar por Cuba. Yo tuve la suerte de estar en Rusia en 1993 y de ver en primera persona los efectos de setenta años de comunismo en un país llamado a la prosperidad. Mientras en España estrenábamos el AVE, allí los ceniceros de los trenes eran latas de conservas. Esto es literal. Recuerdo haber llorado de risa al descubrirlo. Todo son risas cuando tienes libertad. Ahora tenemos a Putin comportándose como un imbécil y a Europa haciendo el ridículo y camino de la debacle. Ojalá sólo Europa y nada más. Nos tienen envidia. Todo lo que viene de fuera acaba siendo mierda pura. Ya sé que Rusia es Europa, pero al mismo tiempo no lo es. Y no, no pretendo ser racista, pero analicen: Putin, ISIS, Juan Carlos Monedero, el ébola…

Teresa pasea ya por Galicia. Le deseamos una pronta recuperación definitiva. Dice que hay que acordarse de los muertos de África por ébola. Valen mucho más que su perro, cuyo precio equivale al de su honor y al de un piso céntrico en Badajoz antes de que nos impongan una bolivariana ley de “precios justos”.

Algún día los libros de Historia explicarán lo que está sucediendo en España en estos tiempos. No sé si llegaremos a saber la verdad del todo, pero ojalá, porque son tantas las preguntas que uno acaba dibujando hipótesis descabelladas que solamente comparten los listos. Algún día nos dirán las cadenas de televisión para qué tanto lío y tanto dar el coñazo con un partido de profesores comunistas que a los primeros a los que perjudicará será a las propias cadenas. Eso sí, la gente está muy ilusionada, como cuando los cerdos entran al matadero. En fin, ocurra lo que ocurra, ojalá salud para todos, también para José Manuel Lara.