Una encuesta nos dice que el 58% de los jóvenes planea emigrar para buscar trabajo. Algunos medios de comunicación cambian el término “planea” por “plantea”, que no quieren decir lo mismo, pero bueno. El sondeo tiene un tamaño normal (6000 entrevistas a jóvenes de entre 18 y 30 años de seis países) y está realizado por el Instituto para la Sociedad de las Comunicaciones de Vodafone. El diario El País lo lleva como primera noticia el lunes. Algún medio incluso redondea hasta el 60%. La gente muestra sorpresa, incluso estupor. Hay mareos.

El dato sería escandaloso si no fuera por la debilidad del término “planear”, que viene traducido y que deja lugar a dudas y matices. Porque yo hace dos años me planteé emigrar, y todavía sigo viviendo en España. La pregunta concreta de la encuesta solamente aparece en inglés:

I plan to move to another country in the future because of better job opportunities

El 17% de los españoles encuestados dice estar completamente de acuerdo con esa afirmación y el 41% parcialmente de acuerdo (de ahí sale el dichoso 58%). El mismo dato es un 27% en Alemania y un 31% en Reino Unido, países con un 5% y un 6% de paro respectivamente. Visto así, la cosa cambia un poco. Encima, en el mismo estudio el 70% de los encuestados españoles reconoce que “no ha planeado activamente emigrar” por un trabajo mejor, dato que la prensa no recoge (casualmente, como siempre).

Salvo a los lentos, a todos se nos pasan cientos de cosas por la cabeza de las que seguramente no llegamos a realizar más que una mínima parte. Y es básicamente lo que pregunta la encuesta. ¿A usted se le ha pasado por la cabeza la posibilidad de emigrar? Hombre, pues sí, incluso por vivir la experiencia. A mí también se me pasó por la cabeza ser arquitecto y soy periodista, comprarme una Xbox y me compré una PlayStation, sacarme el carnet de conducir y no lo tengo, hacer deporte y no lo hice… Podrían hacer una encuesta entre los jóvenes españoles y preguntar cuántos han planeado acostarse con Gisele Bündchen o con El Rubius. ¿Quiere decir que alguno de esos jóvenes lo vaya a hacer realmente?

Pero incluso, si lo vemos en perspectiva, el dato es bueno, pues en una encuesta igual de absurda de 2011 (realizada por la Comisión Europea) era el 70% de los jóvenes españoles los que estaban dispuestos a emigrar por la falta de trabajo. Es decir, un porcentaje mayor que el número de parados. ¿Han emigrado desde entonces el 70% de los jóvenes? Ni muchísimo menos y han tenido tres años para hacerlo. Del dicho al hecho, hay un trecho largo.

Mejor datos reales que encuestas y futuribles

¿Para qué queremos una encuesta sobre intenciones cuando tenemos datos reales sobre emigración de los españoles? Cualquier día calcularán la esperanza de vida preguntando a la gente cuánto calcula que vivirá.

Si tenemos datos reales, mejor recurrir a ellos. ¿Cuántos jóvenes españoles han emigrado realmente desde que comenzó la crisis? Según el INE, el saldo migratorio (los que vuelven a España menos los que emigran) de españoles desde 2008 es el siguiente:

-1.804 (2008)

-8.394 (2009)

-9.739 (2010)

-20.030 (2011)

-25.702 (2012)

-45.913 (2013)

En total son unos 110.000 españoles los que emigraron desde 2008. Aquí entran ciudadanos españoles de todas las edades (aunque mayoritariamente son menores de 49 años), algunas personas no nacidas en España y niños menores de 15 años hijos de inmigrantes, españoles de nacimiento, pero que vuelven al país de origen de su familia. Si hablamos de españoles entre 18 y 40 años, en 2013 emigraron algo más de 40.000 jóvenes (incluyendo algunos no nacidos en España e hijos de inmigrantes). Si nos ceñimos a las edades de los encuestados por Vodafone, la cifra desciende hasta los 25.000 jóvenes españoles entre 18 y 30 años que emigraron en 2013. Regresaron 33.393 españoles, pero el INE no ofrece el dato de los que inmigraron dividido por edades.

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El saldo migratorio es más negativo en las comunidades autónomas con más inmigrantes: Madrid y Cataluña. Llama la atención que comunidades autónomas con altos índices de paro apenas tengan emigración en 2013, como Extremadura (-797) o Canarias que tuvo un saldo migratorio positivo de casi cinco mil personas.

Es decir, España ha perdido poco más de 100.000 españoles durante la crisis (entre 2008 y 2013) de los que alrededor del 60% podrían llamarse “jóvenes”. Es cierto que la cifra aumenta año a año (y es posible que en 2014 siga aumentando) según se alarga la crisis, pero ni mucho menos es la terrible diáspora que nos han contado los medios que en ocasiones han mezclado y confundido españoles, extranjeros, jóvenes, adultos… Y en ningún caso (cómo no) publican la cifra de españoles que regresan. No hay que estropear un buen titular escandaloso.

Por cierto, en España hay 700.000 jóvenes menores de 34 años que ni estudian ni trabajan. Y, sin embargo, solamente una pequeña parte de ellos emigra.

El Instituto Nacional de Estadística realiza un cálculo no basado en encuestas y sí en padrones y recuentos oficiales de traslados de residencia, pero como sus resultados resultan poco llamativos, este estudio tiene poco recorrido en los medios de comunicación. Mientras que damos validez absoluta a la Encuesta de Población Activa y a otros datos publicados por el INE, su estadística sobre migraciones queda algo oculta.

Dramas, cerebros y oportunidades

Tener que emigrar por no encontrar trabajo puede ser un drama, sin duda. Y aunque España necesita aumentar su población joven, ese ajuste migratorio es necesario a corto plazo. Cinco millones de extranjeros vinieron a España la pasada década y una buena parte de ellos se dedicaron a levantar viviendas. Una vez reducido a su mínima expresión el sector de la construcción, es complicado que esos trabajadores, en su mayoría sin cualificar, encuentren trabajo. Por eso nos está costando tanto ajustar las cifras de paro. Si pertenecemos a la Unión Europea es, entre otras cosas, para que la emigración sea un trámite realmente sencillo y para que ese ajuste necesario sea más rápido y más cómodo. Irse a vivir a Alemania o a Reino Unido es (casi) el equivalente a que un norteamericano se vaya a trabajar a otro Estado no especialmente alejado. Si la Unión Europea no nos sirve como herramienta para una mayor movilidad laboral, entonces es que igual no hemos entendido nada. Lo ideal sería poder encontrar un buen trabajo en nuestro propio país, pero seamos realistas, los países europeos en su mayoría y desde hace mucho tiempo son más prósperos que España y siempre ofrecerán mejores oportunidades.

Como decía, emigrar es indudablemente una decisión dura y difícil (incluso para los que se quedan), porque dejas gente, lugares y vivencias atrás, pero ir a países mejores no debería ser una desgracia, sino una oportunidad para vivir mejor. Es obvio que no todos los que emigran consiguen su objetivo de construir una vida digna en otro país, pero algunos ni se plantean volver a España y consideran que emigrar ha sido una gran decisión que ha cambiado sus vidas para mejor.

Si en España tuviéramos un nivel educativo superior, los jóvenes en el extranjero podrían acceder a mejores trabajos y serían mayores las probabilidades de éxito en la aventura de cambiar de país. Pero la realidad es otra. El presidente del CSIC declaraba esta semana que la fuga de cerebros “es una leyenda urbana exagerada” y que en muchos casos se debe a mera movilidad de la actividad investigadora o (excepcionalmente) a ofertas económicas de varios ceros. Por desgracia no son muchos los españoles emigrantes que aspiran a estas buenas ofertas y muchos son los que acaban trabajando de camareros en Londres. ¿Son cerebros trabajando de camareros? Más bien son estudiantes de carreras españolas (de poco prestigio y bajo nivel real) incapaces de encontrar trabajos decentes en mercados con índices de paro por debajo del 7%. Es decir, en España no existen los trabajos que buscan (y no son capaces de crearlos) y donde sí existen esos trabajos, a menudo los jóvenes españoles no son capaces de acceder a ellos. Este fracaso evidente de la educación española debería preocuparnos más que la propia emigración.

En plena oleada de populismo barato se empeñan en vendernos la imagen de los pobres jóvenes españoles maltratados por unos gobernantes que no les dan trabajo. El fracaso de la generación supuestamente mejor preparada de la historia de España es tremendo. En parte porque las leyes laborales benefician a los trabajadores más mayores, en parte porque, en un entorno poco favorable y con altos impuestos, no es una generación capaz de generar empleo y riqueza para sí misma y, finalmente, porque no es capaz de luchar mayoritariamente por buenos puestos de trabajo en el extranjero. El emprendimiento llega tarde y mal y la educación universitaria tiene mucho que mejorar. Como remate, buena parte de la juventud española cree merecer un buen trabajo por el mero hecho de ser español, joven y saber protestar por Twitter. Cuando una generación aspira a solucionar sus problemas a través de las urnas, poca prosperidad habrá en sus vidas.

Vivimos prácticamente una tormenta perfecta, pero asegurar que sufrimos una fuga de cerebros y una terrible diáspora de jóvenes españoles preparadísimos y brillantes es sencillamente mentir y autoengañarse. Y no, la culpa de tanto fracaso no solamente la tienen los políticos.