Pablo Iglesias regresó a Televisión Española después de un año sin aparecer por allí. Previamente había sido invitado a ‘Los Desayunos’ y había rechazado la cita por problemas de agenda. El líder de Podemos se quejó de no haber sido invitado en ese tiempo, desde su única aparición como tertuliano en 2013. El presentador, Sergio Martín, le dijo, con razón, que Pablo Iglesias Turrión (ojalá fuera “turrón”) no tiene ningún interés para ninguna cadena, pero que el líder de un partido al que ensalzan las encuestas sí lo tiene y que por eso estaba ahí. Iglesias lleva veinte días como secretario general de Podemos. Pero el político insistió en que si no es por los trabajadores de RTVE él no estaría ahí, como si el presentador no fuera un trabajador del ente público, sino despreciable casta. Los airados reproches de Iglesias rozaron el regaño y elevaron la tensión desde el principio y convirtieron la entrevista en algo poco agradable de ver para los que preferimos amables reuniones entre amigos para charlar sobre la llegada del mineralismo. Iglesias tiene el problema de que es incapaz de hablar como una persona normal y usa su tono trascendental de discurso en Núremberg y su fruncir de ceño hasta para decir que va a evacuar. Risto Mejide se lo advirtió en su entrevista cuando, al preguntarle por su novia, Iglesias respondió con un mitin socialdemócrata. Pero, por suerte o por desgracia, al entrevistado el esfínter ya no se le relajó en toda la noche.

Martín, poco ducho en batallas, en vez de relajar el ambiente, intentó ponerse a la altura del invitado en ocasiones (donde no era él mismo) e intentó ser diplomático en otras. Un desastre. Encima, el presentador incumplió la promesa de que no haría las preguntas de siempre. Realmente Martín no hizo ni una sola pregunta inesperada y la entrevista transcurrió por donde Iglesias esperaba: borrador económico, comparación con el programa de las europeas, cambio de rumbo ideológico, chanchullo de Errejón, chanchullo de su productora, comunismo, Venezuela, ETA… Nada nuevo realmente. Nada que pudiera pillar con el pie cambiado al entrevistado, que llevaba memorizadas casi todas las respuestas, como si se presentara a un examen. Algunas las tuvo que leer, aunque las llevaba igualmente preparadas, como siempre. Incluso la pregunta encadenada llevaba preparada. Lo normal en quien sale a sumar votos, no a pasar el rato.

La parte económica de la entrevista fue un rollo de cifras infumable en el que la precisión brilló por su ausencia. Fue un ridículo ejercicio de matemáticas-ficción entre personas con similar ignorancia en economía del que tuvieron todos la culpa. Millones iban y venían sin que en casa nos enteráramos realmente de nada. Mucha gente cambiaría de cadena o aprovecharía el momento para suicidarse.

Cuando se cansaron de intercambiar sumas y resta, Iglesias negó el paso de Podemos del comunismo a la socialdemocracia y aseguró que se trataba de un proceso de concreción de las medidas, como si jubilarse a los 65 fuera más concreto que hacerlo a los 60. Entre otras cosas, Iglesias aseguró que el AVE es un medio creado por la casta y para la casta. Una especie de Orient Express al que solamente tienen acceso los ricos, cubiertos en carísimos abrigos de piel de oso panda. El profesor, como en otras ocasiones, volvió a dirigirse a los dueños de los bares, que podrán hacer caja cuando, según el programa de Podemos, la gente cobre más por hacer menos. Cuando los dueños de los bares cobren la cerveza en pesetas veremos qué les parece todo esto. Pero los bares son los que vertebrarán la economía española del futuro y no las capitalistas empresas del IBEX, que son más casta que el AVE mismo y a las que hay que perseguir. Iglesias recordó (como verdad) la falacia de que estas empresas pagan el 7% de impuestos.

El líder de Podemos dejó entrever que eso del salario máximo ya no es seguro y se estudiará. Realmente lo que quieren estudiar es cómo aprobar la medida sin cargarse la Liga de fútbol, algo que sin duda le costaría el Gobierno y la melena. Pidió respeto para sus nuevos fichajes, economistas trajeados que sí aceptan sus seguidores, un intento de dar empaque al partido. Curiosamente, de todos los que había en la mesa, el único que había faltado al respeto a alguien había sido Iglesias, que llamó “caradura” a Vincenç Navarro el año pasado (no en 1920) por trabajar para el Partido Demócrata. Ese mismo argumento (y no otro) fue el que usó Iglesias anoche para prestigiar a Navarro. Magia.

Graciano Palomo se unió al debate para preguntar a Iglesias si es comunista, algo que el profesor comunista no quiso desmentir, confirmando lo obvio. Evidentemente dio una respuesta mucho más larga, hablando del sentido común, de animalistas y de gente que le para por la calle y que promete votarle “porque va a los debates con datos”. España.

Alfonso Rojo le preguntó sobre los pagos en negro de su productora e Iglesias sacó un extracto de Wikipedia sobre una condena de 2010 a Periodista Digital y una sentencia de la FAPE por otro asunto, que tiene la misma validez legal que este artículo. El golpe bajo Iglesias tuvo que leerlo. Era la respuesta que tenía preparada para cualquier pregunta que Rojo le hubiera hecho. Un teatro. El periodista se defendió e Iglesias pidió al moderador (ahora sí le necesitaba) que no le interrumpieran. “No le dejes que me interrumpa más”, ordenó un desamparado Pablo, mientras leía en su iPad la citada enciclopedia. El presentador le dijo al político que estuviera tranquilo, que sabía moderar la mesa, aunque debió pedirle que madurara un poco. Sobre los supuestos chanchullos de su productora, Iglesias aseguró que “han presentado el papel a Hacienda” (¿?) y que está todo claro. Es fácil llegar a la conclusión de que ellos, como el PP, el dinero negro no lo meterían en la declaración. Poco antes había acusado al dueño de Canal 33, Enrique Rioboo, de mentir en todo este asunto del dinero negro pero, lejos de ponerle una querella (como ha hecho en otras ocasiones) Iglesias invita a que se la pongan a él. Parece evidente a qué corresponde este cambio de criterio.

Antonio Papell (antes he leído un tuit que citaba al “señor Papel” y he llorado) le preguntó por iniciar la revolución en la universidad. Iglesias dijo “no esperaba la pregunta”, confirmando sin querer que llevaba toda la noche contestando lo obvio. “A la universidad se va a estudiar” reveló ranciamente Iglesias, seguramente dirigiéndose a Errejón. También se va a hacer escraches y a montar actos en defensa de la liberación de De Juana Chaos, pero eso se lo guardó.

Hubo más preguntas, la mayoría de ellas dieron lugar a respuestas conocidas por todos. Sorprendió levemente su cambio de criterio sobre su admirado régimen venezolano. “La corrupción en Venezuela ez ezcandalosa”. Sí, lo dijo con acento andaluz (pueden comprobarlo), como queriendo no decirlo. Pero lo dijo y aseguró que lo había dicho muchísimas veces. Y añadió: “Para gobernar en España me voy a fijar en lo que se hace en Finlandia y en Noruega y no en lo que se hace en América Latina”. El año pasado (recuerden, no en 1920) decía allí, donde la corrupción es escandalosa, que le emocionaba escuchar al comandante Chávez y que “lo que ocurre en Venezuela y en América Latina es una referencia fundamental para los ciudadanos del sur de Europa”. Más magia.

Cuando la cosa terminaba y parecía que Iglesias podía desfruncir el ceño, el presentador soltó una bomba que molestó mucho a los podemitas:

En un vídeo hemos visto a Pablo Iglesias defender la salida de los presos de ETA de las cárceles. ¿Esta semana está usted de enhorabuena, entonces?

La imagen superior recoge exactamente el momento en el que el cerebro de Iglesias procesa la pregunta. Aquello fue un palo espectacular, excesivo y mal explicado, perfecto para que Iglesias dramatizara y se hiciera la víctima. Su cara fue un contenido poema, pero su reacción hacia la respuesta fue efectiva y rápida (aunque estúpida). El presentador debió formular la pregunta de otra manera o, cometido el error, insistir y situar temporalmente la frase literal de Iglesias: “los presos de ETA deberían ir saliendo de las cárceles” (es fácil encontrarla en YouTube). Cuando Ana Pastor tiró de hemeroteca audiovisual, supo colocar mucho mejor a Pablo Iglesias ante su espejo y no dejó que se metiera en el papel de víctima, sino en el de pobre diablo. Martín, con un perfil mucho menos agresivo, debió intentar no salirse del papel de mensajero al que está acostumbrado. Esta pregunta sobre ETA (como casi todas las de hemeroteca), bien enfocada, se la hace Pablo Iglesias a sí mismo y el presentador queda absuelto. Realmente fue un remate equivocado a toda una entrevista mal pensada.

Una estrategia desastrosa

Sergio Martín me parece un buen presentador para La Noche en 24h, pero no para lo de ayer. En mis previsiones, conociendo el programa, la entrevista iba a ser tranquila y con tono amistoso. Primero aparecerían solamente presentador y entrevistado para posteriormente pasar a la mesa de debate, como ha ocurrido en otras ocasiones. No acerté en absoluto.

Seguramente podríamos hablar de tres tipos de entrevistas (invento totalmente): amistosa o de masaje (Gabilondo a Zapatero o Iñaki López a Iglesias), neutra (la habitual en Sergio Martín) y de confrontación (las de Ana Pastor). Si uno quiere ser Ana Pastor tiene que saber hacerlo, si no sabe, es probable que se acerque al ridículo. Anoche Martín se equivocó, en parte porque tampoco le aconsejaron bien. Intentó convertir una entrevista en un debate, en una lucha con vencedores y vencidos, y perdió. Permitió que la tensión en la mesa fuera absolutamente anormal. Estuvo incómodo con el personaje (yo también lo estaría con alguien que habla en ese tono) y pensó que podría pillarle con alguna de sus preguntas. Su error fue intentar buscarle las cosquillas allí donde Iglesias ni tiene sistema nervioso. Fue como intentar entrar por el centro de la defensa italiana del Mundial de 2006, como atacar Troya de día, sin caballo ni nada, sino ahí a lo loco. No hubo preguntas trampa, no hubo preguntas nuevas cuya respuesta pudiera no venir memorizada desde Vallecas. Martín no sorprendió. Encima, no pensó en las posibles respuestas de Iglesias (algunas hasta las habíamos visto en Twitter), por lo que las repreguntas, cuando hubo, no fueron buenas y se le notó una cierta falta de dominio del tema Pablo Iglesias (es un tema en sí mismo) en algunos momentos.

El resultado final fue de euforia entre unos seguidores de Podemos, que habían pasado miedo en la última entrevista de su líder en El Objetivo, donde Ana Pastor sorprendió a todos. Sin factor sorpresa, lo que queda es el mitin coletudo sobre los mismos temas que llevamos escuchando meses y meses. Pero eso es mejor que presentar batalla y perderla. Sergio Martín debió hacer el tipo de entrevista habitual que hace a cualquier político de cualquier partido, ERC, UPyD o PNV incluidos: una entrevista tranquila en la que se tocan todos los temas incómodos, pero en la que no se intenta debatir, o como mucho se delega en los tertulianos esa tarea. Tal vez el nuevo director de informativos quiso impresionar a sus superiores y el efecto que consiguió fue justamente el contrario al que buscaba. Hubiera sido mejor, si no tienes al presentador adecuado, pasar la entrevista de puntillas. Hay formas de hacerlo y no comprometen a Martín, trending topic durante toda la noche. Es cierto que la crispación la puso Iglesias sobre la mesa según llegó, pero uno no va a ninguna batalla si no quiere. Y Sergio Martín y su equipo no deberían haber acudido a la de ayer. Se me ve más serio, comentó Iglesias.