El periódico ABC se ha despachado a gusto y duramente contra uno de los líderes de Podemos, Íñigo Errejón, en un artículo mamporrero como pocos. Un artículo que demuestra que es necesaria una ley de medios que controle las tonterías que escriben los periodistas un viernes por la tarde. Con un comité censor esto jamás hubiera ocurrido (esto con Franco no pasaba). La libertad de expresión tiene límites y acusar a Errejón de ser boy scout y de tener novias ridículas traspasa claramente la delgada línea roja de la deontología periodística y vulnera el derecho al honor y al libre albedrío sexual del joven político.

Marina Pina Urunburu, redactora de la sección Gente y Estilo del periódico madrileño, tituló su revelador y destructivo artículo con un sonoro y poderoso “El pasado scout de Íñigo Errejón”. Eran las dos de la mañana cuando Marina gritó en la redacción “paren las rotativas”. Se rehizo el diario y se quemaron miles de ejemplares de una primera edición del periódico que iba a privar a miles de lectores de esta columna ejemplar. La Universidad de Columbia se reunió de urgencia para valorar la apertura del Premio Pulitzer a artículos publicados allende los mares.

En su magnífico texto, Marina nos descubre que Íñigo antes se llamaba (o se hacía llamar) Eneko y “su único compromiso era con la naturaleza”. Eneko, con sus greñas de preadolescente, caminaba vivaz por el campo, jugueteaba con ardillas reticuladas y se agachaba de vez en cuando para oler las flores que emergían del suelo. Nos cuentan en ABC que nuestro alegre e inocente Eneko “aprendía a relacionarse con la naturaleza”. Seguramente meaba detrás de un árbol, plantaba un pino a la sombra y se sacaba las sanguijuelas del bañador cuando salía de remojarse en el río. Sobre estos temas intentó preguntarle el periódico madrileño pero Errejón “ha declinado hacer ninguna declaración al respecto”. Mucho que ocultar, claramente. Ya que el político no ha querido hablar del tema y el material con el que cuenta Marina es más bien escaso, la periodista opta por inventar los cabos sueltos. “Es fácil imaginar cómo fueron sus días de scout”, nos cuenta. Esta afirmación se completa con una llamada a una asociación de scouts donde trasladan a la periodista un par de generalidades con las que ir tirando un par de párrafos. Los grupos de scouts fomentan “la vida en la naturaleza y la autoeducación progresiva y aprender haciendo”. La educación en ningún caso puede no ser progresiva y a eso de “aprender haciendo” antiguamente lo llamábamos “práctica”. Pero no nos pongamos tiquismiquis, que esto no está publicado en la sección de Tribunales. Sigamos.

En este entorno de convivencia juvenil los chavales “aprenden a respetar al prójimo”. La periodista cae pronto en la cuenta de que Errejón está traicionando los principios que aprendió en los campamentos. Y tiene razón, no se puede defender el respeto al prójimo mientras se es un comunista de tomo y lomo y mientras se hacen escraches a la gente. Esto sí es grave y no lo de cobrar un sueldo público por rascarse la entrepierna, en contacto con la naturaleza o no. Llegamos a una frase sorprendente, absurda y mal redactada: “Combinar los postulados chavistas con las actividades de los scouts, donde hay más jerarquía que democracia: la pertenencia a un grupo u otro depende de la edad”. El chavismo no funciona exactamente así. No es una gerontocracia en la que el ciudadano más viejo de Venezuela gobierna desde su experiencia y ancianidad. Sería poco práctico tener un presidente de 90 años (no creo que haya nadie mayor con su sistema sanitario y su omnipresente delincuencia) y tener que sustituirlo cada tres meses por el siguiente ciudadano más longevo. Esta frase que nos ofrece Marina es un misterio de un único verbo en infinitivo (¿?) que puede decantar lo del Pullitzer a su favor.

La periodista se pone cada vez más agresiva al asegurar que “Errejón parece haber olvidado lo aprendido con los scouts”. ¿Cómo ha podido ocurrir? Nos dan la solución: “Puede que haya sido su novia, Rita Maestre, quien lo ha alejado de los valores de convivencia y tolerancia de sus antiguos amigos. No en vano, con solo 26 años, Maestre ya está acusada de profanar la capilla de la Facultad de Somosaguas. Este comportamiento está muy lejos de la tolerancia aprendida que profesan los scouts españoles”. Fantástico, “tolerancia aprendida que profesan” (¿?). ¡Ya tenemos a la culpable de todo! Es cierto que profanar una capilla es un acto ridículo, de mal gusto y de una zafiedad esperada en alguien de extrema izquierda, pero Errejón no necesita de la influencia de nadie para ser intolerante por propia convicción. Lo que es espectacular es toda esta argumentación, esta unión entre el pecado de su novia actual y los valores que supuestamente adquirió Eneko cuando era preadolescente. La autora espera una especie de arrebato que lleve a Errejón a dejar a su novia por haber traicionado los valores que a él le enseñaron los scouts hace quince años. Sería un acto noble y elevado, que no alcanzaron ni Eva Braun, ni la segunda mujer de Stalin (cuya muerte no está clara) tras las históricas atrocidades que sus esposos cometieron, perfectamente comparables con el asalto a un pequeño oratorio universitario. Pero no nos liemos y hablemos, finalmente, en serio: yo antes dejaría a una mujer por llamarse Rita, que por profanar una capilla.

Al negarse Errejón a hacer declaraciones, la incisiva y guapa periodista (ya está otra vez el machista heteropatriarcado opresor haciendo su fascista acto de presencia) se pregunta acertadamente “¿reniega Errejón de las actividades a las que le apuntaron sus padres?”. Ostras, que aquí puede haber un trauma infantil no resuelto y nosotros tan tranquilos todo el día criticando a Podemos. La pregunta queda abierta en el artículo, para no dárnoslo todo masticado a los lectores. Se agradece.

Siguen los testimonios reveladores. Esta vez son las jugosísimas declaraciones de un compañero scout que asegura que Eneko “también pudo aprender a conquistar mujeres ya que durante una acampada conoció a una chica y se enrollaron una o dos veces, no me acuerdo”. ¿Cómo va a renegar Errejón de las actividades a las que le apuntaban sus padres, si encima se daba el filete como un campeón? ¡Una o dos veces! ¿Pero qué es esta vida loca? ¿A Errejón le interesaban realmente los scouts o solamente iba para tocar teta? ¿Tocar teta es parte de la enseñanza de los scouts de “respeto al prójimo y autoeducación”? ¿A qué se refieren realmente con lo de “autoeducación”? ¿Eh? ¿Por qué dejaron entrar a Errejón en los boy scouts con unas orejas tan pequeñas? Son tantas las preguntas sin respuesta…

Es mejor mentir sin complejos

Recomiendo a todos los periodistas del país que se quiten los complejos. Si uno va a especular sobre el paso de alguien por los boy scouts, tal vez lo mínimo es insinuar una relación homosexual más o menos deseada. El silencio de la noche en el campo suele llamar a los cuerpos a experimentar cosas nuevas, como tocarle el pene a tu compañero de litera y montar una tienda de campaña en tiempo récord. ¿Quién no ha soñado con hacer “un Brokeback Mountain“, eh? Porque yo sí.

Entrar en el terreno de lo sórdido parece normal (e incluso recomendable) cuando escribes un artículo tan gratuito, tan ridículo y tan poco justificado. Es lo mínimo. Inventártelo todo, como hizo la SER tras los atentados del 11M es mucho más práctico que andar con argumentos mediocres que insulten al lector, en vez de impresionarlo. ¿Se imaginan a la SER diciendo que en los trenes se había visto a un señor de Valladolid que una vez hizo una foto a una mezquita? Error. Es mucho mejor un terrorista suicida, con la cabeza rapada y tres capas de calzoncillos, aparición confirmada por tres fuentes policiales (¡tres malditas fuentes policiales!). Todo ello adornado con un fantástico “el Gobierno no lo confirma”. Para mentir, hay que saber, hay que soltarse la melena, como hizo una brillante Ana Terradillos aquellos días. Lo mejor de todo es que lo que ha quedado es que el medio que mintió sobre el 11M fue El Mundo, periódico cuyo cierre pedían algunos (hasta que llegó el Caso Bárcenas).

¿Ves, Marina? Contar que Errejón le comió la boca a un par de tipas en un campamento es seguramente asqueroso, pero no merece aparecer en un periódico. Si tuviéramos algo más jugoso, como que las dejó embarazadas a las dos, como que besa mal con su boquita de piñón, como que su miembro viril no va en proporción con las demás cosas o que su novia quemó una facultad entera de la Complutense, entonces habría noticia. Daría el mismo puto asco y, salvo lo de la facultad, sería casi igual de miserable que lo que publicó ABC, pero no daría pena ni sería de una mojigatería y un infantilismo cómicos.

En Podemos hay contradicciones gigantescas y realmente preocupantes y un muy oscuro pasado en sus creadores. Y en la sección de sociedad (Gente y Estilo) hay temas bastante más interesantes que el intercambio de fluidos de Errejón bajo un árbol. Escribir en un periódico de tirada nacional es un privilegio al que aspiran muchos miles de periodistas en nuestro país (incluso no mereciéndolo) y no tantos lo consiguen. Y no digo que Marina no lo merezca, pero no estaría de más que tuviera un poco de respeto a sus lectores, a su profesión y a sí misma.

P.D.: tiene mérito escribir esta sentencia final después de redactar este texto en el blog…

P.D.2: pueden consultar el artículo completo publicado en la edición impresa de ABC pinchando el enlace.