Alguien me pidió hace unas horas una reflexión sobre Monedero. Esa persona realmente daba por hecho que yo ya estaba enfrascado escribiendo un largo artículo sobre la salida del asesor más cotizado del planeta del partido que él mismo cofundó. Y no era así. No era así porque Podemos ya no puede, ya no atrae, ya no está de moda. De tanto repetir, de tanto jugar al engaño, se ha quemado. Las elecciones andaluzas marcaron un punto de inflexión y destaparon una falsedad que las encuestas venían vendiéndonos un tiempo. Algunos expertos todólogos, como Javier Aroca, nos habían advertido que las encuestas estaban siendo usadas para hacer política y para dibujar una falsa realidad. Realmente él se refería a que las encuestas maltrataban adrede a Podemos. Genios aparte, la irrupción de Ciudadanos, justo sobre la hora, ha acabado con las aspiraciones revolucionarias de Podemos, que ahora debe integrarse como un elemento más de la casta. El partido de Iglesias llegará donde las televisiones quieran que llegue y no más allá. La formación comunista ya admite que la medalla de bronce no estaría mal. Puede que ni eso consigan.

Así que, llegada la hora de la dolorosa e imparable renuncia a la revolución y después de haber fallado a Chávez, a Lenin y a Tsipras, a Pablo Iglesias no le ha quedado más remedio que comenzar a soltar lastre. La carta Monedero se la guardaban como un comodín, por si las cosas no iban del todo bien. La víspera del Día del Trabajador, Monedero ofrecía en Madrid una entrevista a Fernando Berlín (cuyo peinado es totalmente antiproletario) en la que decía que Podemos se estaba alejando de sus orígenes y se estaba convirtiendo en todo lo que originalmente criticaban. Los medios de comunicación recogían las palabras de Monedero no sin gravedad y afectación. Los podemitas, con el automático puesto desde hace un año, culpaban a la prensa del stablishment de exagerar las palabras de Monedero para perjudicar así al partido. Monedero aseguraba en un par de tuits que seguía trabajando por y para Podemos. Horas después, ya por la aciaga tarde, Pablo Iglesias dimitía a Monedero en rueda de prensa. Los seguidores podemitas habían hecho el ridículo una vez más, mientras la prensa conspiradora recogía la dimisión del asesor como si fuera la caída del Muro de Berlín (no de Fernando), tantas veces lamentada por la actual cúpula de Podemos. Incluso la prensa venezolana se hacía eco de tan sonada dimisión.

Monedero, el lastre

Monedero ha hecho un daño posiblemente irreparable a Podemos. El partido de Iglesias había construido su discurso en torno a una autoexigencia infinita, una pureza absoluta y una superioridad moral que habían resultado muy efectivas para recoger votos. El problema es que a su alrededor estaban creando un muro de porcelana. En Podemos eran conscientes y por eso desde el principio entendieron que acudir a las elecciones municipales con ese escudo tan débil acabaría con ellos. Sí confiaron en que podrían encontrar candidatos limpios y fiables para las autonómicas. Lo que no esperaban es que el escudo del partido comenzara a resquebrajarse desde la cúpula en Madrid. Primero fue la beca Errejón, crisis salvada con grandes dosis de cinismo pero con una muy mala noticia para Podemos: la pérdida de la virginidad. El listón que Podemos se había autoimpuesto como fuerza regeneradora de todo un sistema nacional, hacía entender que Errejón sería inmediatamente expulsado del partido por su comportamiento de casta nepotista. No fue así. Luego se desveló la dudosa gestión de ‘La Tuerka’: supuestos sueldos miserables, no declarados y en sobres, también como la casta. Otra pequeña fisura al casco de porcelana. Finalmente, casi como una casualidad, a alguien de la redacción de El Plural le dio por recuperar un tema que ya había publicado hacía meses un periódico digital todavía más pequeño: Monedero creó una empresa para cobrar un pastizal de dudosa procedencia. De forma extraña, ahora sí caló la noticia. El partido, que en noviembre había ignorado el asunto, ahora sí tuvo que correr a dar explicaciones. Monedero acudía un par de veces a televisión a explicarlo todo. Se inventó el asunto del informe sobre la moneda continental e intentó vender todo como una nueva campaña de difamación de los medios al servicio de los poderosos. Esos mismos medios comenzaron a rascar para ver qué podía salir de ahí. Y salió de todo. Monedero rozó el delito fiscal, hizo su complementaria y desapareció durante semanas. Era dinero pagado por los chavistas, para colmo. Otra vez el rollo de Venezuela. Esas semanas fueron un destrozo para Podemos. Finalmente el profesor preparó a conciencia una larga rueda de prensa en la que hubo muchas más excusas que explicaciones y en la que el profesor no admitió ni un uno por ciento de culpa. Monedero se contradijo varias veces en sus intervenciones aquellas semanas, tal como analizamos en este blog. Aquello apestaba y sigue apestando y yo no descarto novedades al respecto.

En algún momento del pasado Iglesias pensó que podría asaltar el cielo a pesar de llevar a Monedero cogido de la mano. Su ascenso parecía imparable y por eso prefirió mantener a bordo a un amigo que cada vez que abría la boca perjudicaba al partido. Todos los sabían. Iglesias incluso intentó aparcar al profesor en una absurda carrera por la alcaldía de Madrid, carrera que Monedero rechazó. La última semana de enero, Iglesias, midiendo mal sus fuerzas reales, aseguró en un acto en Valencia que “cuando tocaban a Monedero, a Errejón o a Tania le estaban tocando a él”. También ofreció el esquizofrénico “tic, tac” copiado de Chávez. Pero Monedero ya no volvió a la primera línea del partido. Fue apartado y relegado a intervenciones menores en pueblos y ferias. Pronto llegó la decepción de Andalucía, que colocó a Podemos realmente en su sitio, muy lejos del cielo y del voto útil. El globo no ha hecho más que descender en 2015 e Iglesias ha decidido que era hora de soltar lastre. El sábado en La Sexta resolvía el tema venezolano con un sencillo “Monedero sí ha cobrado de Venezuela, yo no”. No era una frase casual. Era tal vez la primera ocasión en la que Iglesias no protegía a su amigo, no compartía responsabilidades y se desmarcaba de sus chanchullos. Cuando tocaban a Monedero ya no le tocaban a él ni a su partido. No quedaba otra, el divorcio estaba a punto de consumarse. Dos días después, Monedero aseguraba que se estaba cerrando una etapa para él y que “casi seguro” no sería diputado tras las elecciones y que le gustaba ser “un verso libre”. El cuerpo de Monedero ya colgaba en el vacío y estaba a punto de descolgarse del globo de Podemos (vaya tela con la metáfora aérea). De aquellos tres a los que en enero Iglesias defendía a muerte, hoy solamente queda Errejón, cuya relación con Pablo también se ha puesto en entredicho. Tania ya no es nada, ni novia de nadie. No se sabe si está en Podemos, en Ganemos, en Madrid en Común (¿esto existe?) o si simplemente está en su casa. Ahora Monedero deja Podemos y se lleva consigo el dinero, la complementaria y sus estrechas relaciones con el chavismo. Iglesias espera que, tras usar este comodín, el partido quede limpio y deschavizado y esto le permita llegar con más fuerza a las autonómicas de este mes. Sueñan en Podemos con gobernar en alguna comunidad autónoma. Lo contrario dará lugar a titulares poco agradables para ellos.

¿Por qué Podemos no expulsó a Monedero cuando debió hacerlo? Creo que nunca se plantearon admitir la culpa del profesor y creo que no valoraron bien las consecuencias que tendría adoptar ese comportamiento tan de la casta. Creyeron que con unas cuantas buenas excusas, como las que pusieron en el caso de la beca black (“nos ha faltado un papel”), podrían convencer a la mayoría. Realmente convencieron a los más fieles, pero los dudosos vieron el truco y se alejaron del partido. Podemos, enfrentado a la realidad, no pudo estar a la altura del listón que ellos mismos habían puesto a los demás. En la rueda de prensa de ayer mismo, Iglesias evidenciaba que es tan mortal como Rajoy, al huir de la prensa sin contestar ninguna pregunta tras la dimisión de Monedero. Cuando aparecen problemas, Podemos no está a la altura de su propia utopía.

Bueno para todos

Monedero sale del partido que fundó por discrepancias con el funcionamiento de la formación. No se va por haber sido un presunto evasor fiscal que cobra inexplicables cantidades de un régimen como el de Maduro (al que cada vez critican más en Podemos). Es una salida mucho menos costosa electoralmente de lo que podría haber sido hace dos meses. Difícilmente Podemos recuperará todos los votos perdidos, pero tal vez detenga la evidente pérdida de apoyos de las últimas semanas. No sé si la dimisión de Monedero estaba preparada por todas las partes, pero como mínimo es seguro que Iglesias estaba esperando la oportunidad para librarse (políticamente) de su amigo. Y el momento ha llegado. El movimiento parece inteligente, su coste es mínimo (incluso Monedero puede seguir ayudando en la sombra) y aunque el cambio real sea meramente cosmético (Podemos es casi exactamente igual que ayer), de cara a la opinión pública parece que el partido ha sufrido un pequeño lavado de imagen y, sobre todo, ha dado una fuerte patada a su lastre chavista. Sí, Errejón e Iglesias son dos chavistas convencidos, pero el protagonista en este asunto era Monedero, el del dinero sucio y al que Chávez hablaba por su nombre de pila.

Seguramente nunca sabremos la efectividad de todo este teatro, incluso cuando tengamos sobre la mesa los resultados de las próximas elecciones autonómicas. Pero el tiempo se acaba para Pablo Iglesias y los suyos y lo normal es que, en su camino precipitado hacia el centro y la falsa moderación, ya no se guarden nada de aquí a las generales, en las que la diferencia entre ser primera y cuarta fuerza puede estar en uno pocos votos. Ahora Monedero volará aparentemente solo y tendrá que afrontar lo que pueda venir como un tema personal. Si se le sigue otorgando presencia mediática, tendremos un tertuliano polémico y con mayor nivel cultural que la media. En parte seguirá hablando en nombre de Podemos, incluso aunque no quiera. Igual decide volver a Venezuela a seguir dando consejos para acelerar la destrucción del país. Igual desaparece y vuelve al anonimato. Si es así, le recordaremos con cariño, agradecidos por sus cambios de humor, sus frases propias de otro tiempo y sus inolvidables posados, que ya forman parte de lo mejor de la historia de la política española y que siempre tendrán un lugar en lo más recóndito y oscuro de nuestros corazones. Hasta pronto, Juan Carlos.